LA ESCUELA ENTRE LAS RUINAS
Beirut. Bagdad. Sarajevo. Belén. Kabul. Por supuesto, aquí no.
1.
Dar la primera lección y la última
- gran luz de verano que declina, ¿durarás
más que el rato del colegio?
Cuando los chicos fluyen
en filas a las puertas
CHICOS CHICAS y los atareados profesores
abren o cierran altas ventanas
con pértigas con ganchos dibujando sombras verde oscuras
armarios sin candado, candados
preguntas no planteadas, planteadas, en
el amor al orden sin crueldad
sí fresco impecable
afilado como un lápiz
una calle en la tierra ni cielo ni infierno
ajetreada con el comercio y el culto
profesores jóvenes que van caminando a sus colegios
pan fresco y puestos de comida que abren temprano
2.
Cuando las ofensivas sacuden el cielo cuando el brillo de la noche
malinterpreta el día y la noche cuando cuartos
habitados de la parte alta de la ciudad
se desploman haciendo cráteres en las calles bajas
cornisas de ornamento antiguo despojos humanos
cuando el miedo vacía las calles
Cuando la ciudad entera se estremece
sangre en las suelas que se espesa hasta cristalizar
Quien cruce encorvada rodillas encogidas una zona en lucha
sabe por qué hace esta cosa suicida
La escuela abre ahora día y noche
los niños duermen
en las aulas los profesores acurrucados cerca
3.
Cómo el buen profesor amaba
su escuela los estudiantes
el comedor con bocadillos recién hechos
refrescos y leche
el aula jaulas de cristal
de musgo y tortugas
enseñando responsabilidad
Una mañana rompe sin pan ni leche recién servida
padres o guiones de clase
diarrea la primera pregunta del día
niños que tiemblan es septiembre
Segunda pregunta: ¿dónde está mi madre?
4.
Uno: no sé dónde está
tu madre Dos: no sé
por qué están intentando herirnos
Tres: ni la latitud ni la longitud
de su odio Cuatro: no sé si nosotros
les odiamos tanto a ellos creo que hay más papel higiénico
en el armario de la despensa voy a romperlo para abrirlo
Hoy ésta es tu lección:
escribe tan claro como puedas
tu nombre tu calle y el número
en este papel
No, no puedes irte a casa todavía
pero no te has perdido
ésta es nuestra escuela
No sé con seguridad qué comeremos
buscaremos raíces y berzas provechosas
rastreando el agua aunque las tuberías estén rotas
5
Hay una gata joven metiendo
la cabeza por los barrotes de la ventana
está hambrienta como nosotros
pero se puede alimentar de ratones
su piel erizada, de bronce
habla de una vida ya salvaje
sus ojos dorados
no perdonan Nos enseñará Llamémosla
Hermana
cuando consigamos leche le daremos un poco
6
Te lo he dicho, intentemos dormir en este campamento tan divertido
Toda la noche cosas sin piedad, sin piloto, pasan chillando
por encima de nosotros hacia alguna parte
No dejéis que vuestras caras se vuelvan de piedra
No dejéis de preguntarme por qué
Atendamos a nuestra gata nos necesita
Quizás mañana los panaderos puedan arreglar sus hornos
7
“Les cantamos para que se durmieran contamos cuentos hicimos
sombras de animales con las manos
limpiamos la suciedad de las botas y los abrigos
nos sentamos aprendiendo de memoria los nombres
algunos eran demasiado pequeños para escribir
otros habían olvidado cómo hacerlo”
(Adrienne Rich, 2001, Trad. Mª Soledad Sánchez Gómez)










NIÑO DE IRAQ
Niño de Iraq:
tú que has contado las partículas de arena
de todo el desierto,
dime:
¿cuánta sangre alimentó el caudal del Tigris
a la hora de los misiles yanquis en tu rostro angelical?,
¿cuántas manos de loza cuelgan de los cuerdas del día
como evidencia de la torpeza de Bush?
Niño de Iraq:
en tus ojos el Tigris se ha coagulado
con bombardeos de cazas de la muerte;
han perdido los pájaros su norte;
la tristeza es un pez congelado
y las palmeras gimen en la lobreguez de Al Fardos.
Niño de Iraq:
qué piensas de los royal marines que navegan en estiércol,
de los que desinforman con sus trompas satánicas,
de los entontecidos por la codicia de petróleo,
de los enloquecidos por acrecentar su imperio,
de los terroristas de la casa blanca con humo corrupto,
de los fabricantes de veneno en Washington,
de los empresarios de la guerra electrónica.
Niño de Iraq:
¿cuál es tu estrategia para hacer de tu tierra
un extenso pan sin serpientes ni cuervos?
¿Cuál es tu táctica para que el Eufrates
reivindique su sueño de lagarto,
y el Diyala amanezca vestido de terciopelo?
Niño de Iraq:
Ahmed, Rehab, Abdel…
Todos los niños del mundo
(incluso los hijos de soldados que taladran tu corazón)
están contigo.
Por tu cráneo esparcido en Basora,
por tus pupilas calcinadas en Nayat,
por tus pulmones explotados en Nasiriya,
por tu voz rebanada en Samawah,
por tus tímpanos estallados en Karbala,
por tus brazos mutilados en Kirkuk,
por tu sombra asediada en Mosul:
¡álzate!
No hay tregua.
Echa a volar tu bata por los cuatro costados de la tierra,
con el hilo centellante de tu mirada
y la manzana líquida de tu sonrisa.
Niño de Iraq:
toma mi solidaria mano
y mi sangre
y mis huesos
y la pulcra espada de mi palabra
para expulsar de raíz al intruso.
César Cando Mendoza,
Quito, mayo de 2003
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