
La marcha del hartazgo
TEXTO DE CLARA EUGENIA ROJAS BLANCO EN EL DIARIO DIGITAL @JUAREZ DEL 24 DE JULIO DE 2009:
Si no estoy para mí, ¿quién estará?
Si estoy sólo para mi, ¿quién soy?
Si no es ahora, ¿cuándo?
Si no es con otros y con otras, ¿cómo?
Texto hebreo1
¿Qué, cómo y cuánto aprendemos de la historia en que vivimos? Con este cuestionamiento no me refiero al aprendizaje impersonal relativo a una cronología de hechos históricos, sino a la historia personal y colectiva que se refiere a los pensamientos y sentimientos subjetivos con los que experimentamos los hechos trágicos en nuestra vida diaria o cotidiana. ¿Qué de este aprendizaje nos lleva a una “política de ira colectiva”? 2
El politólogo, Peter Lyman, argumenta que la tensión entre la teoría y la práctica es un abismo alienante cuando las tristezas individuales se sufren silenciosamente, sin ser exoneradas por la respuesta y reflexión colectiva. Estos sufrimientos silenciosos se convierten en textos y memorias de un pasado no resuelto, sufrimientos que no se reconocieron como parte necesaria de un duelo colectivo. Eventualmente, estos duelos pueden convertirse en una reconciliación pacífica o en el sustento de una política de la ira colectiva. Así la presencia de un pasado no resuelto paraliza el presente y eventualmente se reflejará en la posibilidad de un futuro posible (55-56).
Además, Lyman explica que la política de la ira es un proceso dialéctico entre el Yo y el mundo. Es la respuesta a un sentido de violación, una emoción que resguarda nuestro sentido del Yo y lo que nos es significativo. Es ajena a la objetividad o al desinterés de lo que nos afecta como parte de una comunidad determinada. Se convierte en acción política cuando consideramos que hay una violación injustificada hacia nosotros. La ira es el pathos de la subordinación. Es una respuesta emocional de quienes nos sentimos acorralados, dominados; como víctimas del menosprecio o el disimulo por parte de los que detentan el poder. Es parte de un sentimiento de resistencia y oposición a la subordinación social( 61-64).
Así esta política es una expresión pública ante la violación a las expectativas de justicia. Está comprometida socialmente y habla con un desmedido sentido de justicia. Se considera una interrupción pública, pero también es una expresión política que llama a una comunidad a responsabilizar y castigar al o los responsables de la injusticia perpetuada contra los miembros de esta o cualquier otra comunidad. La política de la ira colectiva es más que palabras, es una realidad social encarnada. Es parte intrínseca del cuerpo que ya perdió el miedo y que no está dispuesto a tolerar más abuso.
Asimismo, el autor advierte que la ira colectiva en contra de la injusticia, no debe convertirse en venganza y en más violencia, se debe evitar convertirla en la racionalización de una agresión personal. En este sentido, no debe constituirse sólo como parte de una política reactiva y sin sustento, sino como parte una agenda política sustentada por la exigencia de cambio. La posibilidad de que una confrontación se convierta en un proceso de política dialógica sólo es viable cuando se es capaz de escuchar con empatía el sustento de la ira; cuando no se le menosprecia, anula o silencia.
Paradójicamente, la política de la ira colectiva es el primer paso para perderle el miedo a exigir nuestros derechos. Se debe entender como una interrupción pública que cuestiona la legitimidad política y los silencios en torno a la injusticia y que pretende de una vez recobrarnos de la amnesia histórica. En este sentido, Adrienne Rich (1986: 145), en su libro Sangre, pan y poesía, dice:
La amnesia histórica es hambruna para la imaginación; la nostalgia es la caña de azúcar de la imaginación, y deja un rastro de depresión y vacío. Romper el silencio, contar nuestros relatos no es suficiente. Podemos valorar ese proceso—y el coraje que pueda requerir—sin tener por qué pensar que sea un fin en sí mismo. Después de todo, la responsabilidad histórica tiene que ver con la acción: al enganchar en algún lugar el peso de nuestra existencia, al jugárnosla con otros, al trasladarnos de la conciencia individual a la colectiva: ¿Cómo hemos llegado a estar en donde estamos y no a otro sitio?
Entonces, el comprender de manera colectiva la historia que nos tocó vivir adquiere dimensiones políticas. Los silencios que han caracterizado nuestra historia como mexicanas/os están plenos de significado. Son parte de un discurso político no expresado generalmente por miedo, pero también por complicidad. La minimización de nuestras demandas de justicia social forman parte de un pasado no resuelto, de los sufrimientos personales que no se reconocieron como parte necesaria de un duelo colectivo.
Quienes no podemos ignorar el dolor de los y las demás; que no hemos volteado la cara ante los horrores y la maldad de lo que son capaces los seres humanos y sus cómplices; quienes quedamos marcados por la brutalidad – y la impunidad– de los cuerpos torturados de las jovencitas víctimas del feminicidio, por el dolor de quien pierde lo más querido, por el asesinato brutal de la niña Airis Estrella y de otros niñas y niños víctimas de violencia tanto pública como familiar; quienes hemos visto cómo se asesinan, desaparecen, secuestran y extorsionan impunemente a cientos de hombres y mujeres en esta ciudad fronteriza; y quienes hemos confrontado a las autoridades y demandado justicia para nuestros colegas, alumnos y alumnas, asesinados o desaparecidas de la UACJ, hemos llegado al hartazgo. Hemos acumulado la suficiente ira colectiva como para que, aun sin desearlo, ésta sea parte constitutiva de nuestra política o discurso público. Política que es ya un síntoma de hartazgo social y a estas alturas aparenta ser el último recurso de una historia larga de abuso, impunidad y corrupción.
Ya no es posible reconciliarnos con un pasado marcado por la evidente inmoralidad de la casta política –de cualquier color partidista –. Esta casta, que ha sido históricamente brazo ejecutor de intereses de grupos hegemónicos y cínicamente cómplices del profundo desaliento que nos invade como comunidad. Una casta, convenientemente miope y sorda, que no quiere aprender del discurso ciudadano que promovió el voto nulo, de la demanda ciudadana por las candidaturas independientes, de la práctica histórica del abstencionismo, de la nula credibilidad manifiesta por la ciudadanía y de la una victoria electoral con una cifra ridícula de votos. Cada tres o seis años nos ofenden con la desvergüenza y cinismo del contenido demagógico de lo que ellos y ellas llaman campañas políticas, que a su vez son un insulto a la inteligencia y un dispendio perverso de los recursos del pueblo.
Por tanto, la política de la ira colectiva o confrontación pública es un recurso político que permite romper la normalización de la ineptitud de las autoridades en turno. Es el resultado de un pasado no resuelto, que nos paraliza el presente y que nos impide construir un imaginario en donde podamos vislumbrar la posibilidad de un futuro posible. Como ciudadanía no debemos demonizar la política de la ira colectiva como un acto irracional y violento, debemos re-significarlo como un acto ciudadano de interrupción pública-política que fracture y exponga los silencios históricos sustentados por la supuesta “racionalidad” de quienes ostentan el poder.
Ignorar– y peor aún– justificar o minimizar la simulación, la corrupción, la negligencia e impunidad histórica que ha caracterizado a los y las integrantes de nuestras instituciones sustentadas por el sistema político de nuestro país, es un acto de complicidad. En este sentido, Susan Sontag 3 afirmó que el ignorar o minimizar las crueldades de que son capaces de infligirse entre sí los seres humanos, es muestra de inmadurez moral o psicológica; es un tipo de defecto moral y ético.
Ante la evidente imposibilidad de ocultar este defecto moral y ético, el sistema político mexicano – en todos los niveles y colores partidistas- se encuentra actualmente de frente al resentimiento y la ira social. Sin embargo, no se dan por enterados de que la ira y el resentimiento social no se eliminan o resuelven con actos como el de ignorar a los/as denunciantes y el promover el miedo y la intimidación, como se ha hecho específicamente en Ciudad Juárez, aunque actualmente se puede afirmar que está sucediendo en todo el país. Estos actos de violencia simbólica –no por eso inexistente– se sedimentan en el imaginario social. Van dejando un rastro de depresión, vacío y de sin-sentido que yace latente y que hace que cada vez se pierda más el miedo. Puede activarse en cualquier momento—como ya ha pasado– de manera situacional y contingente. Se puede convertir en más que palabras. Puede convertirse en una realidad social encarnada.
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[1] En Adrienne Rich. Sangre, pan y poesía. Prosa escogida 1979-1985. Trad. Ma. Soledad Sánchez. Icaria/Antrazyt . Barcelona: España, 1986, p. 203.
[2] Peter Lyman. “The Politics of Anger: On Silence, Ressentment, and Political Speech.” Socialist Review. Vol. 57, p. 55-74. 1981. Asumo la responsabilidad de la traducción, por tanto, de la interpretación de este texto.
[3] Susan Sontag. Ante el dolor de los demás. Trad. Aurelio Major. Alfaguara: México D.F. 2004, p. 133.
Ciudad Juárez, Chihuahua, julio 2009




Mi amor, la cosa por aqui se encamina.
Lo nuevo, muy bien. Lo antiguo, tratando de encontrar formas de convivir en la nueva situacion.
Los chicos, en psicoterapia y conmigo, casi todo el tiempo. Yo, feliz, aunque con poco tiempo para mi misma.
Te echo de menos.
Siempre un gusto leerte.
Muchos besos!
Por: isabel el 26 Julio 2009
a las 7:02 am
Llegué a tu blog navegando en busca de Adrienne Rich. Y me encontré con este grandioso artículo. Felicitaciones desde Santiago de Chile.
Por: marisa el 4 Agosto 2009
a las 6:21 pm
Hola, Soledad.
Quería pedirte una cosa: ¿podrías enviarme la versión que hiciste del poema Buceando hacia el naufragio? La leí en la antología, pero desgraciadamente no he podido conseguir el libro, lo saqué de una biblioteca; me gustaría tener tu versión y publicarla en mi blog. Es uno de esos poemas que quieres que te acompañe toda la vida. Gracias, un abrazo
Ana
Por: ana pérez cañamares el 5 Agosto 2009
a las 12:08 pm