Posteado por: Marisol Sánchez Gómez | 10 febrero 2010

SYLVIA PLATH: LA CARTA DE SUICIDIO MÁS LARGA JAMÁS ESCRITA

Sylvia Plath (1932-1963)

Sylvia Plath (1932-1963)

Cada once de febrero se conmemora la muerte de la poeta Sylvia Plath, quien decidió acabar con su vida una fría mañana londinense. Su vida, tal como aparece descrita en la extensísima colección de cartas escritas a su madre Aurelia Schober entre 1950 y 1963 y publicadas en 1983 por la editorial Faber and Faber con el título de Letters Home, fue siempre atormentada, pletórica de actividad febril y caracterizada por la búsqueda de la perfección aun a costa de la propia salud. La relación con sus padres fue siempre atormentada y difícil. Especialmente con su padre, de quien llegó a decir: “era un autócrata… yo le amaba y le despreciaba a la vez, y probablemente deseé muchas veces que estuviera muerto.” Llegó incluso más lejos configurándole en el conocidísimo poema “Daddy” (“Papaíto”), como un personaje ario y antisemita, influida sin duda por su origen alemán.

Cuando la becaron para estudiar en el Smith College de Northampton (Massachusetts), Sylvia empezó a escribir disciplinadamente, pero la búsqueda obsesiva de la perfección, las presiones a que fue sometida y la lucha por conseguir premios literarios la debilitaron física y psicológicamente y la llenaron de aprensiones de muerte. A los 19 años intenta suicidarse por primera vez por ingesta de tranquilizantes que sólo le producen una pérdida de conocimiento. Tras la terapia de electroshocks llega una lenta recuperación y poco a poco todo vuelve a la normalidad. Plath reflejaría todas estas vivencias en su novela autobiográfica La campana de cristal (Edhasa). Esther Greenwood, la protagonista, y Sylvia Plath coinciden en sufrir disociaciones, fragmentaciones y parálisis psicológicas.

Años más tarde, ya en Inglaterra donde había acudido con una beca Fulbright, conoce al joven y prometedor poeta Ted Hughes, con el que se casa en 1956. Juntos vivieron unos años muy intensos literariamente. Al volver a Estados Unidos, la escritora entra en contacto con un grupo de poetas que marcarían para siempre su forma de escribir, convirtiéndose en seguidora de la poesía confesional, caracterizada por la expresión de sentimientos privados a través de la escritura. Tras volver a Inglaterra, en 1959 nace su hija Frieda y es entonces cuando escribe La campana de cristal. En 1962 publica el poemario El coloso, que pasó desapercibido a pesar de su brillantez.

Por aquel entonces, su matrimonio estaba ya muy deteriorado. Ella no podía tolerar la constante infidelidad de su marido, vinculado sentimentalmente entonces a Assia Wevill, una escritora judía que, curiosamente, también se

Assia Wevill

suicidó más tarde (¿sería Ted Hughes el causante de tanto sufrimiento?). El matrimonio Hughes se separa y Sylvia permanece en Londres, sola, con los dos hijos de la pareja. Experimenta frecuentes y extremos cambios de ánimo: tan pronto se lamenta de su soledad, su falta de dinero, los pobres resultados que encuentra en su poesía o su añoranza de Ted Hughes, como celebra exaltada la independencia poética al no estar sometida a la tiránica influencia expresiva de la obra de su marido, y no estar ya bajo su constante sombra.

Casi todos los poemas recogidos en la extraordinaria colección Ariel  son de esta época y se caracterizan por la urgencia, la rapidez, la ausencia de autocompasión, sus visiones de violencia y horror, su atormentada sensualidad. Poesía oscura que se nutre con frecuencia de sus sueños y pesadillas.

Una mañana de un helador febrero, la tristeza, la sobrecarga de trabajo, la enfermedad, la soledad y la angustia hacen presa en ella y decide abrir la espita del gas, muriendo asfixiada con treinta y un años.

La reacción de la crítica fue inmediata: la grandeza y enorme personalidad de su poesía no podían pasar desapercibidas por lo que nadie puede usurparle ya a esta autora el puesto que por legítimo derecho le corresponde en la literatura norteamericana.

¿Fue Sylvia finalmente una mujer de rasgos histéricos que buscó en Ted Hughes un alojamiento cálido, un acogimiento supuestamente seguro, encarnando para él lo que ella creía que era su ideal: una mujer sexual y emocionalmente apasionada, inteligente, sensitiva y generosa? ¿Fue devorada por el ego insaciable y narcisista de este poeta laureado? ¿Se percibió finalmente como un objeto “caido” al verse abandonada por él y olvidando su propia belleza, su inteligencia y su valor, no pudo soportar la falta de identidad que le produjo el no ver cubierta su demanda de tener un lugar en el otro? Pobre Sylvia.

Posdata: Apenas unas semanas antes de morir, en 1998, Ted Hughes publicó su desconcertante poemario Cartas de cumpleaños, dedicado al recuerdo de Sylvia. En forma de cartas, como un “après coup”, el recuerdo de la poeta surge poderoso, obsesivo. Sylvia se constituye así en su gran y doloroso amor perdido. Como dice Carmen Iriondo, autora de Syl &Ted, citando a su vez a Janet Malcolm, autora de “The Silent Woman”: “Las cartas son la más grande experiencia de fijación. El tiempo erosiona los sentimientos. El tiempo crea indiferencia. Las cartas nos prueban que alguna vez [algo] nos importó.”

 

(Marisol Sánchez Gómez)

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Responses

  1. preciosa reseña, qué bien escribes, box8 y qué triste cita con el calendario. Él tuvo su castigo: aceptó ser laureate poet jajajajaaaaaaaa

    Y si. Vamos. me regaló las entradas kali estas navidades, asi que allí nos vemos! bss

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  2. Creo que habría que distinguir entre Sylvia Plath como escritora y Sylvia Plath persona.
    El puesto merecido que como escritora tiene nada tiene que ver con el sufrimiento que le produce su enfemedad. Sylvia Plath no era una mujer con tintes histéricos sino que padecía un transtorno psicológico mucho más grave. La terrible soledad que sentía y que tan magistralmente plasma en la metáfora “La campana de cristal” es el producto de un desorden emocional y psiquico difícil de imaginar para los que no lo hemos sufrido. Porque una depresión endógena que lleva a varios intentos de suicidio no es ninguna tontería.
    Independientemente de su relación con Ted Hughes su mal era personal e intransferible.

    María José

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  3. Sí, por supuesto que siempre hay que distinguir entre la vida de un escritor y su obra, pero si hay que nombrar un caso en que vida y obra estén íntimamente imbricadas, es en el de Sylvia Plath; poeta confesional como Snodgrass, Anne Sexton o Robert Lowell. En los poemas de todos ellos se recoge el día a día de sus más íntimos sufrimientos.
    El puesto que tiene como una grande de las letras norteamericanas viene dado, por supuesto, por la calidad extraordinaria de su poesía (más que su prosa), no por su vida más o menos feliz. El mal de Sylvia nunca hubiera garantizado por sí mismo su reconocida calidad literaria. Espero que eso haya quedado claro en mi post. Tuvo depresiones, pero no exactamente endógenas pues todas tenían causas muy claras, patentes en todas sus cartas. Era, efectivamente, una mujer con un equilibrio psíquico muy precario, pero además, con evidentes tintes histéricos, aunque ése no fuera el mayor de sus males. Su mal era personal (como el de todos nosotros) pero creo que la persona que tuvo a su lado (y que muy poco la acompañó en su última soledad) tuvo la capacidad de precipitar su terrible final. Es ampliamente reconocido que fue ese abandono final el que la sumió en una tristeza difícilmente salvable ya. Y esa es la potencia terrible de los versos de ARIEL, que se nutren de su miedo y sus pesadillas. Siento piedad por ella, y sigo pensando que siempre quiso tener un lugar en el otro que no acabó de encontrar. Pero tampoco fue responsable su marido de lo que pasó pues él tenía derecho a alejarse de ella si así lo deseaba. En fin, el eterno desquicie de las relaciones humanas, que son un auténtico lio a veces.

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  4. Ayer vi una película sobre la poeta, su título era “Silvia”. Muy triste, su soledad, su dificultad de encontrar un lugar en el mundo de los hombres, el sentirse detrás de su esposo.

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  5. It is a great description about Sylvia Plath, and I feel that you like her books. I think that the reason of the suicide is that she was still in love with the poet and she couldn´t continue with her suffering.

    I love your way of writing.

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  6. This text talks about love, because her history is poignant. We think that is a great description about Sylvia Plath.

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  7. Hermosa reseña. Hemos aprendido amar de una forma burguesa, siempre en función del otro, no de nosotras mismas.

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