Posteado por: box8 | 29/08/2009

NO ES NOTICIA: DESPLAZADOS EN MYANMAR

Tierras inundadas por el Ayeryawadi

Tierras inundadas por el Ayeyarwadi

 

A lo largo de los cauces desbordados del inmenso Ayeyarwadi, miles de desplazados se afanan por levantar precarias chozas de bambú y palmera que les den cobijo hasta que puedan recuperar de nuevo sus tierras – si pueden. Esta situación se repite con frecuencia, cuando este tremendo rio (llamado anteriormente Irrawadi por los británicos) decide, en épocas del monzón húmedo, crecer sin contención alguna. La junta militar no hace nada por aliviar esta situación que no se hace pública ni siquiera en la prensa del país. Las noticias escasean; el miedo se hace patente en cada conversación. Occidente es consciente del arresto domiciliario de Aung San Suu Kyi, pero ignora absolutamente la situación de estos cientos de miles de desheredados que se establecen al borde de las  carreteras paralelas a este río sagrado que recorre Birmania de norte a sur y muere en el delta de Yangón.

Recorro en tricksaw la distancia entre Mandalay y Amarapura, para llegar al puente de U-Bein, el puente de teca más largo del mundo. A lo largo del camino, estos desheredados se afanan por seguir con su vida como pueden. Las fotos están rigurosamente prohibidas y mi conductor tiene miedo por lo que amable pero tercamente me disuade de hacerlas. Mientras me alejo me vienen a la memoria los versos de Kipling en “On the Road to Mandalay”. Las chicas birmanas siguen sonriendo igual, a pesar de todo.

By the old Moulmein Pagoda, lookin’ lazy at the sea,
There’s a Burma girl a-settin’, and I know she thinks o’ me;
For the wind is in the palm-trees, and the temple-bells they say:
“Come you back, you British soldier; come you back to Mandalay!”
                    Come you back to Mandalay,
                    Where the old Flotilla lay:
                    Can’t you ‘ear their paddles chunkin’ from Rangoon to Mandalay?
                    On the road to Mandalay,
                    Where the flyin’ fishes play,
                    An’ the dawn comes up like thunder outer China ‘crost the Bay!

Puente de U-Bein

Puente de U-Bein

Posteado por: box8 | 24/07/2009

LA POLITICA DE LA IRA COLECTIVA

La marcha del hartazgo

La marcha del hartazgo

 

TEXTO DE CLARA EUGENIA ROJAS BLANCO EN EL DIARIO DIGITAL @JUAREZ DEL 24 DE JULIO DE 2009:

Si no estoy para mí, ¿quién estará?

Si estoy sólo para mi, ¿quién soy?

Si no es ahora, ¿cuándo?

Si no es con otros y con otras,  ¿cómo?

Texto hebreo1

  

¿Qué, cómo y cuánto aprendemos de la historia en que vivimos?  Con este cuestionamiento  no me refiero  al aprendizaje impersonal relativo a una cronología de hechos históricos, sino a la historia personal y colectiva  que se refiere a los pensamientos y  sentimientos  subjetivos  con los que experimentamos  los hechos  trágicos en nuestra vida diaria o cotidiana. ¿Qué de este aprendizaje nos lleva a una  “política de ira colectiva”? 2

El politólogo, Peter Lyman, argumenta que la tensión entre la teoría y la práctica es un  abismo alienante cuando las tristezas  individuales  se sufren silenciosamente,  sin ser exoneradas  por la respuesta y reflexión colectiva.  Estos sufrimientos silenciosos se convierten en textos y memorias de un pasado no resuelto, sufrimientos que no  se reconocieron como parte necesaria de un duelo colectivo.  Eventualmente,   estos duelos pueden convertirse en una reconciliación pacífica o en el sustento de una política de la ira colectiva. Así  la presencia de un pasado no resuelto  paraliza el presente y  eventualmente se reflejará  en la posibilidad de un futuro posible (55-56).

Además, Lyman explica que la política de la ira es un proceso dialéctico entre el Yo y el mundo.  Es la respuesta a un sentido de violación, una emoción que resguarda nuestro sentido del Yo y  lo que nos es  significativo. Es ajena a la objetividad o al desinterés de lo que nos afecta como parte de una comunidad determinada.  Se convierte en acción política cuando consideramos que hay una violación injustificada hacia nosotros. La ira es el pathos de la subordinación.  Es una respuesta emocional de quienes nos sentimos acorralados, dominados; como víctimas del menosprecio o el disimulo por parte de los que detentan el poder. Es  parte de un  sentimiento de resistencia y oposición a la  subordinación social( 61-64).

 Así esta política es una expresión pública ante  la violación a las expectativas de justicia.  Está comprometida socialmente y habla con un desmedido  sentido de justicia. Se considera una interrupción pública, pero también es  una expresión política que llama a una comunidad a responsabilizar y castigar  al o los responsables de la injusticia perpetuada contra los miembros de esta o cualquier otra comunidad.  La política de la ira colectiva es más que palabras, es una realidad social encarnada. Es parte intrínseca  del  cuerpo que ya  perdió el miedo y que no está dispuesto a tolerar más abuso.

Asimismo,  el autor  advierte que  la ira colectiva en contra de la injusticia, no debe convertirse  en venganza y en más violencia, se  debe evitar  convertirla en la racionalización de una  agresión personal.  En este sentido, no debe constituirse sólo como parte de una política reactiva y sin sustento, sino como parte una agenda política sustentada por la exigencia de cambio. La posibilidad de que una confrontación  se convierta en un proceso de política dialógica sólo   es viable cuando  se es capaz de escuchar con empatía  el sustento de la ira; cuando no se le menosprecia, anula o silencia.

Paradójicamente,  la política de la ira colectiva es el primer paso para perderle el miedo a exigir nuestros derechos. Se debe entender  como  una  interrupción pública que cuestiona la legitimidad  política y los silencios en torno a la injusticia  y que pretende de una vez  recobrarnos de la amnesia histórica. En este sentido, Adrienne Rich (1986: 145), en su libro Sangre, pan y poesía, dice:

La amnesia histórica  es hambruna para la imaginación; la nostalgia es la caña de azúcar de la imaginación, y deja un rastro de depresión y vacío. Romper el silencio, contar nuestros  relatos no es suficiente. Podemos valorar ese proceso—y el coraje  que pueda requerir—sin tener por qué pensar que sea un fin en sí mismo. Después de todo, la responsabilidad histórica tiene que ver con la acción: al enganchar en algún lugar el peso de nuestra existencia, al jugárnosla con otros, al trasladarnos de la conciencia individual a la colectiva: ¿Cómo hemos llegado a estar en donde estamos y no a otro sitio?

Entonces,  el comprender de manera colectiva la historia que  nos tocó vivir  adquiere dimensiones políticas. Los silencios que han caracterizado nuestra historia como mexicanas/os  están plenos de significado. Son  parte de un discurso político no expresado generalmente por miedo, pero también por complicidad.  La minimización de nuestras demandas de justicia social forman parte de un pasado no resuelto, de los sufrimientos personales  que no  se reconocieron como parte necesaria de un duelo colectivo.

Quienes  no podemos ignorar el  dolor de los y las demás;  que  no hemos volteado la cara ante  los horrores y  la maldad de lo que son capaces los seres humanos  y sus cómplices; quienes  quedamos marcados por  la brutalidad – y la impunidad–  de los cuerpos torturados de las jovencitas víctimas del feminicidio, por el dolor de quien pierde lo más querido, por  el asesinato brutal  de la niña Airis Estrella y de otros niñas y niños  víctimas de violencia tanto pública como familiar; quienes hemos visto cómo se asesinan, desaparecen, secuestran y extorsionan impunemente a cientos de hombres y mujeres en esta ciudad fronteriza; y quienes hemos confrontado a las autoridades y demandado justicia para nuestros colegas, alumnos y alumnas, asesinados o desaparecidas de la UACJ, hemos llegado al hartazgo.  Hemos  acumulado la suficiente ira colectiva como para que, aun sin desearlo, ésta sea parte constitutiva de nuestra política o discurso público. Política  que es  ya un síntoma  de hartazgo social y a estas alturas  aparenta  ser el último recurso de  una historia  larga  de abuso,  impunidad y corrupción.

Ya no es  posible reconciliarnos  con  un pasado marcado por la evidente inmoralidad de la casta política –de cualquier color partidista –.  Esta casta, que ha sido históricamente brazo ejecutor de intereses de grupos hegemónicos y cínicamente cómplices del profundo desaliento que nos invade como comunidad. Una casta, convenientemente miope y sorda,  que no quiere aprender del discurso ciudadano que promovió el voto nulo, de la demanda ciudadana por las candidaturas independientes, de la práctica histórica del abstencionismo, de la nula credibilidad manifiesta por la ciudadanía y  de la una victoria electoral con una cifra ridícula de votos.   Cada tres o seis años nos ofenden con la desvergüenza y cinismo  del contenido demagógico de  lo que ellos y ellas llaman campañas  políticas, que a su vez  son un insulto a la inteligencia y un dispendio perverso de los recursos  del pueblo.

Por tanto, la política de la ira colectiva o confrontación pública  es un recurso  político  que permite  romper la normalización de la ineptitud de las autoridades en turno.  Es el resultado  de un pasado no resuelto,  que  nos paraliza el presente y  que nos  impide  construir un imaginario en donde podamos vislumbrar la posibilidad de un futuro posible.  Como ciudadanía no debemos demonizar la política de la ira colectiva como un acto irracional y violento, debemos re-significarlo como un acto ciudadano de interrupción pública-política que fracture y exponga los silencios históricos  sustentados por la supuesta “racionalidad” de quienes ostentan el poder.

Ignorar– y peor aún–  justificar o minimizar  la simulación,  la corrupción, la negligencia e  impunidad histórica que ha caracterizado a los y las  integrantes  de nuestras instituciones  sustentadas por el  sistema político de nuestro país,  es un acto de complicidad.  En este sentido, Susan Sontag 3 afirmó que el ignorar o minimizar las crueldades de que son capaces de infligirse entre sí los seres humanos,  es muestra de inmadurez moral o psicológica; es un tipo  de  defecto moral y ético.

Ante la evidente imposibilidad de ocultar este defecto moral y ético, el sistema político mexicano – en todos los niveles y colores partidistas- se encuentra actualmente de frente al resentimiento y la ira social.  Sin embargo, no  se dan por enterados de que  la  ira y el  resentimiento social  no se eliminan o resuelven con actos como el de ignorar a los/as  denunciantes y  el  promover  el  miedo y la intimidación,  como se ha hecho específicamente en Ciudad Juárez, aunque actualmente se puede afirmar que está sucediendo en todo el país.   Estos  actos de violencia  simbólica –no por eso inexistente– se sedimentan en el imaginario social. Van dejando un rastro de depresión, vacío y de sin-sentido que yace latente y que hace que cada vez se pierda más el miedo.  Puede activarse en cualquier momento—como ya ha pasado– de manera situacional y contingente. Se puede convertir en más que palabras. Puede convertirse en una realidad social encarnada.

———————– 

[1] En Adrienne Rich.  Sangre, pan y poesía. Prosa escogida 1979-1985. Trad. Ma. Soledad Sánchez. Icaria/Antrazyt . Barcelona: España, 1986, p. 203.

[2] Peter Lyman. “The Politics of Anger: On Silence, Ressentment, and Political Speech.” Socialist Review. Vol. 57, p. 55-74. 1981.  Asumo la responsabilidad de la traducción, por tanto, de la interpretación de este texto.

[3] Susan Sontag. Ante el dolor de los demás. Trad. Aurelio Major. Alfaguara: México D.F. 2004, p. 133.

Ciudad Juárez, Chihuahua,  julio 2009                                                                                                                                                      

A.R.

 

CALLE VISIÓN, 4


Calle Visión      sigue latiendo tu corazón intacto
     cómo es esto posible

Calle Visión      rodilla herida
     espinazo herido      ojo herido

          ¿Ha trabajado usted alguna vez con metales?
          ¿Hay partículas bajo su piel?

Calle Visión      pero tu corazón aún está entero
     cómo es esto posible

ya que lo que puede ser      será arrebatado
     si no se ofrece con fe y confianza

por los coleccionistas de lo coleccionable
     los profesores de lo-que-se-ha-sufrido

          El mundo se está acabando      dame la mano
          Es un sonido solitario       dame la mano

Calle Visión      nunca olvides
     el dolor del cuerpo

nunca lo dividas

CALLE VISIÓN, 9

En la negra red

de su ala naranja

 

la enojada mariposa nocturna

cuelga de un pedazo de lila al sol        

 

arrastrado por tierra, como ella,

desde muy lejos

 

Su viaje ha sido duro y largo

y se interroga diciendo:

 

- Manos empapadas de tierra húmeda

cabeza llena de sueños perturbadores

 

¡Oh!, ¿Qué has enterrado todos estos años

qué has desenterrado?

———————

Este lugar está lleno de muertos y de vivos

nunca he estado sola aquí

 

Llevo mi triple ojo mientras recorro la calle

pasado, presente, futuro, todos a mi lado

 

Pasajera vencida por la tormenta, firmemente alada,

nada de lo que he enterrado puede morir

 

(1992-93)

(Adrienne Rich, “Calle Visión”, de Oscuros campos de la República. Mi traducción, publicada en Asparkía, Investigació Feminista, nº 18)

Posteado por: box8 | 20/07/2009

ENJOY THE SILENCE

 

——————–

A veces, no es necesario hablar; sería incluso obligado no hablar. El lenguaje – si es abstracto, o manipulador, o sordo a la necesidad del otro - puede ensuciar un momento afortunado y único. Esa supuesta claridad de la palabra puede enturbiarse, desquiciarse, girar sobre sí misma una y otra vez, estéril y ensimismada. Frente a eso, es preferible el silencio, ese silencio que celebra Depeche Mode frente a miles de personas que comparten – sin silenciarse – las palabras que pronuncia un Dave Gahan que conoció bien el silencio de una muerte clínica de varios minutos por sobredosis hace ya años.

Hay silencios germinadores y generosos: cuando el otro calla para darte la palabra y escucharte. Pero hay silencios (los peores, los mezquinos) que excluyen e invisibilizan al otro, que lo anulan y lo hacen desaparecer en su necesidad y su palabra, que violentan su cuerpo, que lo revientan como haría una granada o una bomba-racimo, arrinconándole al ostracismo de oir sus propias palabras que retornan una y otra vez como el eco desde las montañas. Cuando esto sucede, el emisor se queda colgado, suspendido, prendido a unas palabras que cree de aquel a quien van dirigidas pero que son suyas en realidad. Se tarda mucho en ver que todo lo enunciado es únicamente nuestro, que nada añadió el otro, que nada enriqueció, demasiado preocupado en salvaguardarse, protegerse y dañar estúpidamente, misóginamente. “Enjoy the silence” sería mi mensaje para ellos: disfrutad de vuestra silenciosa vida de cementerio, oscura y patética… Disfrutad sueños sin palabras, desvelados, destemplados, en ese silencio atronador que os habéis labrado con el esfuerzo denodado del no-ser. Muertos. Todos vosotros silenciosos, muertos y ahora, también invisibles.

(Y ahí estaré yo, con gente que aprecio, cantando y celebrando con Dave Gahan mi propio “Enjoy the silence”, el día 17 de noviembre, en su TOUR OF THE UNIVERSE, en Madrid)

Marisol Sánchez

Posteado por: box8 | 16/07/2009

Guardadme la esperanza (Isabel Fresco Otero)

Subíamos á pila da maraña

por verlle a Madalena as tetas enfiadas

no sujetador Plaitex,

e ademais por oírlle

uns berros aguzados que viñan doutro tempo

pola ventá del rei de tantos séculos

¡cativas: ídevos daí!

dende o 1729, ben se ve.

 

As manciñas miúdas apegaron

sen carraxe papeis azuis de VOTA A FRANCO;

a xeada da noite entesabaos diario

e pasaron o inverno coma nunha campaña.

 

Madalena ten noivo. Baila moi agarrado,

pero chora de noite cos dedos esfolados.

 

As miñas bragas anoadas aínda teñen que ver, galana;

anoadas baixándoseme polas pernas coma unha solta.

aínda a máis de un lle imporían. Dígoo agora que tamén a min

me impón a fermosura que eslubía coma unha troita.

Coma se fose doutro, coma se vise a outra e non tivese sido miña

esta beleza universal na que tamén eu son.

Isabel Fresco Otero

Isabel Fresco Otero

Nos subíamos al montón de broza

por verle a Magdalena las tetas enhebradas

en el sujetador Plaitex,

y además por oírle

unos gritos afilados que venían de otro tiempo

por la ventana del rey, de tantos siglos

¡chicas: fuera de ahí!

desde el 1729, bien se ve.

 

Las manecitas menudas habían pegado

sin rencor papeles azules de VOTA A FRANCO;

la helada de la noche los tensaba a diario

y pasaron el invierno como en una campaña.

 

Magdalena tiene novio. Baila muy apretado,

pero llora de noche con los dedos deshollados.

 

Mis bragas anudadas aún dan que ver, galana;

anudadas bajándoseme por las piernas como un lazo.

Aún a más de uno le impresionarían. Lo digo ahora que también a mí

me impresiona la hermosura que resbala como una trucha.

Como si fuese de otro, como si estuviese viendo a otra y no hubiese sido mía

esta belleza universal en la que también yo soy.

 

Isabel Fresco Otero: Gardádeme a esperanza  (Ed. Espiral Maior, A Coruña, 2009)

Posteado por: box8 | 09/07/2009

EL CUERPO, ATRAVESADO POR EL LENGUAJE

“Calle Visión nunca olvides

el dolor del cuerpo

 

nunca lo dividas”

(A. Rich, Oscuros campos de la República)

 

“Nadie sabe lo que puede un cuerpo” decía Spinoza enfrentándose al dualismo cartesiano que propugnaba el dominio del alma racional sobre la irracionalidad corpórea. Y debemos ser conscientes de que el predominio y sobrevaloración de la actividad racional nos ha distanciado históricamente tanto de nuestros propios cuerpos como del de nuestros semejantes. De ahí que, refiriéndome concretamente a la escritura,  debamos cambiar nuestra visión de la poesía como algo universal y abstracto por la convicción de que los poetas transmiten en sus versos una experiencia concreta, y que ésta es fundamentalmente corporal y política.

[...]

El cuerpo es, como mantiene la psicoanalista Ana Gordaliza, “un organismo atravesado por el lenguaje” y – yo añadiría – comandado por una mirada que vigila y se autovigila pues, como dice Foucault, ha interiorizado todos los mecanismos de control y represión. Para que un sujeto sostenga un discurso propio debe escuchar sus propias palabras, y ésta es la condición básica para “sostener” su cuerpo. Si cada experiencia vivida – desamparo, dolor, felicidad, serenidad, humillación – deja huellas en el psiquismo y estas huellas se reviven una y otra vez a través del encuentro con el otro, este encuentro, que construye nuestra subjetividad en nuestros cuerpos, deja a su vez marcas, huellas, en ellos; cuerpos afectados por la demanda y el deseo, por las palabras. Y las palabras, el lenguaje, por sí solos, “descorporizados”, sin transitar por el cuerpo, sin impregnarlo y sin impregnarse de él, nunca son  suficientes. En el poema de Adrienne Rich “Our Whole Life” (“Toda nuestra vida”), el inarticulado sufrimiento corporal es la única manera de comunicar la magnitud insoportable del dolor, del estrago:

“Intentar decirle al médico dónde duele

como el argelino

que ha caminado desde su pueblo, ardiendo

su cuerpo entero una nube de dolor

y no hay palabras para esto

excepto él mismo”

“Lo más profundo es la piel”, dijo agudamente Paul Valéry, expresando una hermosa paradoja. Una piel, a través de la que podemos establecer relaciones que pueden conmocionarnos, y que, como matiza Adrienne Rich, está “viva de señales. Nuestra vida y nuestra muerte son inseparables de la liberación o del bloqueo de nuestros cuerpos pensantes”.  No olvidarnos nunca del cuerpo - una entidad física que se traslada de geografía, que nos hace entrar en contacto por impregnación con otros, que cambia de tacto o de olor, que envejece, palpita, goza, o suda en el acto sexual -, con todas las implicaciones que esto conlleva, debería ser un imperativo en nuestras vidas. Cualquier otra idea sublimatoria con que concluyamos una experiencia que se ha encarnado en nosotros es simplemente una renuncia a la vida. 

 ————————–

(Marisol Sánchez. Fragmento de la comunicación presentada el 8 de julio de 2009 en el curso “Contar con el cuerpo: construcciones de la identidad femenina” en los cursos de verano de la UCM en El Escorial.)

Adam Zagajewski (Lvov, actual Ucrania, 1945):

Refiriéndose a la hermosa novela -libro de memorias En la belleza ajena (2003) donde recuerda sus orígenes como poeta y las ciudades en las que vivió entonces: “Cracovia es muy importante para mí. Tiene esa forma medieval con un centro renacentista que me ayuda a organizar mi vida mental. En cambio, me pierdo en las ciudades de Estados Unidos. No tienen centro, son amorfas; no se puede establecer una correspondencia entre la vida interior y la ciudad. En Cracovia, sí (…) Kazimierz, el desolado barrio judío de Cracovia, era como un desierto (…) Desde la infancia o la pubertad soy muy sensible al Holocausto (…) el recuerdo del gran mal que estaba presente en la ciudad de mi infancia casi me paraliza. Y tenía una abuela antisemita que detestaba. En el Kazimierz sólo vivían vagabundos, alcohólicos y prostitutas. Una especie de maldición había caido sobre aquel sitio.”

“Leer poesía requiere mucha energía. El lector de poesía también es un poeta, un poeta que ha decidido no explicarse (…) Detesto el patetismo. Soy partidario de un concepto (de poesía) en el que la ironía no esté ausente. Algo sublime que ha sobrevivido a Auschwitz, un sublime mutilado.”

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 Una mañana en Vicenza
 (En memoria de Josef Brodski y Krzysztof Kieslowski)
 
El sol era tan tierno, tan delicado,
que hasta temíamos por él; un ademán incauto
podía rayarlo, incluso un grito -si alguien hubiera
querido gritar- lo habría puesto en peligro; tan sólo a las veloces golondrinas
de alas duras, como de hierro fundido,
se les permitía silbar en alta voz, porque vivieron
            su infancia
breve, en la inquietud de sus nidos de barro,
junto a sus hermanos, pequeños planetas locos,
negros como bayas silvestres.
En un pequeño café un mozo soñoliento -bajo sus ojos
las últimas sombras de la noche acumuladas- buscaba calderilla
en su bolsillo sin fondo, y el café olía a solemnidad
de tinta de impresión, a dulzura y a Arabia. El azul del cielo prometía
una larga tarde, un infinito día.
Te estaba mirando como si te viera por primera vez.
Y hasta las columnas de Palladio tenían aspecto
de recién nacidas, de recién surgidas de las olas del alba
como Venus, tu compañera mayor.
Empezar de nuevo, contar las pérdidas, contar a los caídos,
empezar el nuevo día, aunque ya no estéis, tú,
a quien dos veces enterramos y lloramos dos veces,
-viviste una vida dos veces más intensa que otros, en dos continentes,
dos idiomas, en la realidad y en la imaginación- y tú, de cara afilada
y una mirada que hacía crecer los objetos y los corazones
          (siempre demasiado pequeños).
No estáis, y por eso llevaremos a partir de ahora una doble vida,
en la luz y en la sombra a la vez, en el sol estridente del día,
en la frescura de los pasillos de piedra, en el duelo, en la alegría.
 
(Versión de Elzbieta Bortkiewicz) 
Vicenza

Vicenza

 

Bárbaros

Éramos nosotros los bárbaros.
Era ante nosotros que temblabais en los palacios.
Nos esperabais con el corazón estremecido.
Era sobre nuestras lenguas que decíais:
quizás se formen sólo de consonantes,
de susurros, murmullos y hojas secas.
En los negros bosques vivíamos nosotros.
Era a nosotros que nos temía Ovidio en Tomos,
éramos nosotros los que veneraban a dioses
cuyos nombres no sabíais pronunciar.
Pero también nosotros conocimos la soledad
y el temor, y deseamos la poesía.

 

Canción del emigrado
En ciudades ajenas venimos al mundo
y las llamamos patria, mas breve es
el tiempo concedido para admirar sus muros y sus torres.
Caminamos de este a oeste, ante nosotros rueda
el gran aro del sol
ardiente, a través del cual, como en el circo,
salta ágilmente un león domado. En ciudades extrañas
contemplamos las obras de viejos maestros
y, sin asombro, en añejos cuadros vemos
nuestros propios rostros. Habíamos existido
antes, e incluso conocíamos el sufrimiento,
nos faltaban tan sólo las palabras. En la iglesia
ortodoxa de París los últimos rusos blancos,
encanecidos, rezan a Dios, varios lustros
más joven que ellos y, como ellos,
impotente. En ciudades ajenas
permaneceremos, como los árboles, como las piedras.
 
(Versión de Elzbieta Bortkiewicz)
 
Posteado por: box8 | 01/07/2009

LOS MUERTOS Y LOS VIVOS (poemas de Sharon Olds, I)

PRIMERA PARTE: POEMAS PARA LOS MUERTOS (públicos)

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FOTOGRAFÍA DE UNA NIÑA

La niña está sentada en la tierra dura,

áspero molde de Rusia, en la sequía

de 1921, aturdida,

los ojos cerrados, la boca abierta,

un crudo viento abrasador le sopla

arena en la cara. Hambruna y pubertad

se apoderan de ella. Echada sobre un saco,

el calor descoloca todo lo que lleva puesto,

curvado el tierno radio de su brazo.

No puede no ser bella, pero

se muere de hambre. Adelgaza cada día, y sus huesos

se hacen largos, porosos. El pie de foto dice

que va a morir de hambre ese invierno

con miles de otros seres. En la sima de su cuerpo

los ovarios liberan sus primeros óvulos,

dorados como el grano.

Sharon Olds

Sharon Olds

 

PRIMERA PARTE: POEMAS PARA LOS MUERTOS (personales)

EL ABORTO

Al mes encinta, grandes

coágulos de sangre aparecieron en el agua

verduzca del baño.

De un rojo oscuro como el negro sobre el piélago

traslúcido, como formas de vida

que emergen, medusas de formas definidas

como los hongos.

 

Fue esa la única comparecencia del

niño, formas negras y festoneadas

cayendo lentamente. Un mes después

concebimos a nuestro hijo, y nunca volví

a llorar al que apenas llegó al umbral con su mensaje: que podíamos

hacer los dos una chapuza. Envuelto todo en

púrpura partió como un mensajero

ajusticiado por traer malas noticias.

 

(Trad.  J.J. Almagro y C. Jiménez Arribas)

Posteado por: box8 | 25/06/2009

UN LUGAR A SALVO

Curso 2008-09

Este texto me lo pidieron los alumnos de Bachillerato al terminar sus estudios para incluirlo en el CD de despedida que estaban elaborando como recuerdo de su paso por el instituto.

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UN LUGAR A SALVO

Despedirse nunca es fácil, por eso quisiera que las palabras que ahora os digo sonaran únicamente a mucha esperanza.

Como alumna y profesora que he sido y soy de la enseñanza pública, creo que todos los que ahora acabáis bachillerato y ciclos formativos habéis sido unos privilegiados por haberos educado en unos años cruciales de vuestra vida en un sistema que – a pesar de todas las evidentes posibilidades de mejora – pretende ser igualitario y universal, que intenta dar acceso a todos y todas a la palabra para que la vida democrática pueda seguir avanzando.

Con la educación que os hemos intentado proporcionar, tendréis un acceso privilegiado a la ciencia, a la poesía, al lenguaje, a la política. En una palabra, a la esperanza que os ofrece vuestra propia evolución con empoderamiento y asertividad; dos palabras que para mí son fundamentales para el desarrollo pleno de nuestras vidas.

En estos tiempos de crisis económica y desorientación moral, no escuchéis las voces que os digan que nada va a cambiar, que las cosas son y serán siempre así y que hay que adaptarse, porque no es cierto. Todo es susceptible de cambio, siempre hay una posibilidad de tener pensamiento crítico y soñar – y realizar – otro mundo. Y nosotros dependemos de vuestra generación para que los sueños que nosotros no hemos podido realizar se concreten, se conviertan en algo real. Ahora vosotros seréis protagonistas y al serlo, nos ayudaréis.

Me gustaría que recordarais de vez en cuando dos cosas que yo considero muy importantes y que os digo guiada por el afecto que siento hacia vosotros: en los peores momentos de desamparo emocional, cuando creáis que las cosas no valen la pena y que transitáis por lo que el gran escritor Roberto Bolaño describía como “una nube tóxica en medio de un planeta deshabitado”, buscad lugares seguros, sitios a salvo de esa pobreza emocional, refugios contra la desesperanza. Y mi experiencia personal me ha demostrado que esos lugares-refugio son la amistad y, por supuesto, la cultura. Sólo ellas nos redimen.

Muchísima suerte a todos y a todas en este camino que ahora se abre ante vosotros.

Marisol Sánchez

Dice el psicoanalista Francisco Pereña:
 
 ” (…) la sumisión se confunde con el poder, y la humillación pasa a ser moneda de cambio de una pertenencia. Sin ella, la pertenencia carece de consistencia. Esta mujer, sin embargo, no puede olvidar; aún busca en su pareja la protección y le asalta a la vez el mismo temor a ser maltratada o abandonada, o maltratada y a la vez abandonada. No sabe qué hacer. Apenas comienza a comprender que su pareja la necesita pero no la ve, que el hombre suele necesitar esa dependencia pero no confesarla, que ha de ser ella la que cargue con ser la portadora de la dependencia; que es ella la que aparece como quien quiere y necesita, no él, que él tiene la imperiosa necesidad de no reconocer la propia dependencia de ella (…) (Si esa mujer) está advertida, puede quizá darse más cuenta de que pretender de ese hombre una certificación de amor y de pertenencia únicamente lo podría conseguir creando un vínculo exclusivo de culpa, y esa mezcolanza de culpa y reivindicación es un infierno. Tal vínculo es una atadura cruel que consolida la dependencia (del varón), agresiva y asustadiza.
Una dependencia en la que no gobierne el amor (…) está condenada a ser exclusivo e
scenario fantasmático del poder y la sumisión sadomasoquista.”  
 
(F. Pereña, Soledad, pertenencia y transferencia, Madrid: Síntesis, 2006)
 
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No todo vale por afecto o amor. Lo difícil para muchas mujeres es la necesidad que sentimos de tener ese lugar
en el otro,  esa pertenencia que te da el amor, y no obtener esa “certificación” por parte de un cierto tipo de hombre al no ser capaces para conseguirla de manipularlo con la culpa, con la victimización, o la hipocondría, que lo paralizará, lo someterá y lo atará (infelizmente) a nosotras, porque nos parecen actitudes innobles e indignas, porque valoramos y respetamos demasiado la libertad propia y ajena para hacerlo, porque sabemos que eso sólo nos hará infelices a todos; porque, en definitiva, nos repugna. Y porque no queremos a nuestro lado súbditos con culpa y sometimiento (que no tienen nada que ver con el amor), a los que inevitablemente dejaríamos de valorar. Es una aporía; no hay solución. Creo que precisamente por negarnos a establecer un vínculo insano (que el propio Pereña describe como un lugar desolado y atormentado donde la demanda de incondicionalidad está hecha de “exigencia y atosigamiento” creando una relación sin vida basada en “el temor y la culpa” que acaba con el amor e incluso con el deseo sexual) en lugar de ser premiadas y reconocidas, recibiremos todas las bofetadas en la cara. No sé si esto es una situación irrevocable incluso aunque haya una correcta y larga terapia psicoanalítica. Si esto es inmodificable, con un hombre incapaz de mantener relaciones no-patológicas, que nunca reconocerá lo mucho que nos necesita ni actuará en consecuencia, y que está convencido de que simplemente le pertenecemos (con el descuido que esto conlleva) porque le somos necesarias, y con nosotras incapaces de exigir, de pedir, o culpabilizar, pero necesitando salvajemente pertenecer, la salvación, en estas relaciones patologizadas,  pasa irremediablemente por el alejamiento por parte del individuo menos enfermo de los dos. No veo otra solución, por triste que ésta sea.  Y como dice la poeta Alta, “I’m not a practising angel”.
Afortunadamente.
Marisol Sánchez

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