Posteado por: BOX8 | 7 septiembre 2008

DESDE UNA TORRE DE PADUA GALILEO ESCRUTA EL UNIVERSO

Galileo enseña matemáticas y astronomía en la universidad de Padua. Desde su cátedra de madera su voz resuena por el aula. Los alumnos le vitorean con frecuencia al acabar la clase que a veces se termina celebrando en la calle dada la multitud que acude a oírle. Cada anochecer sube a la torre La Specola. Allí en lo alto, sobre la niebla que surge del río Bacchiglione, se sopla cada dos por tres los dedos (el frío en el invierno paduano es intenso) sujetando un primitivo telescopio. Los guantes están semirraídos; su aliento se cristaliza mientras observa el firmamento y sueña con los satélites de Júpiter, la constelación de Orión, el terminador, esa zona transitoria de sombra y luz en la luna, sus montañas.

Hoy, mientras las sombras de Galileo, Servet, Falopio, Copérnico o Harvey suben y bajan por las desgastadas escaleras entre el patio y las aulas del primer piso del palacio que alberga la universidad, no se aplaude sólo a profesores de gramática, filosofía o medicina. Cuesta imaginar que en esta hermosa ciudad, aburguesada y perbenista, ciertamente antipática y adicta a la ópera en la vecina Verona, donde hasta los pulcros y brillantes adoquines de la calle parecen reflejar el rechazo a inmigrantes, excluidos y extranjeros de extraña catadura preconizado por la llamada Ley Bossi-Fini, hace ocho siglos se creara una universidad autogestionada y libre, en la que profesores que huían del control religioso que experimentaban en Bolonia y alumnos llegados de toda Europa se unieron valientemente para crear un centro de estudios absolutamente independiente de la doctrina de la iglesia. Hoy, en cambio, por toda Italia en general y por la zona norte en particular, cunde el pánico al gitano, al ilegal, al indocumentado, al inmigrante, al otro. Ahora es el ejército, destinado a mantener a raya a esta supuesta multitud de presuntos malhechores que en realidad se empequeñece y escurre por los rincones intentando pasar desapercibida ante los policías y los militares, el que es vitoreado e invitado a café en las calles por las gentes de bien, que prefieren no opinar, y para quienes obedecer y mantener el orden y una tranquilidad silenciosa a toda costa es un modo natural de vivir.

¡Cuánto mejor pelar frío en una torre y mirar hacia lo alto! (¿o habrá también sin-papeles en otros planetas?).

(Marisol Sánchez)

La Specola (foto de P. Bellido)

La Specola (foto de P. Bellido)


Responses

  1. A pesar del weltschmerz (“el dolor del mundo” que dicen los alemanes) o de la soledad interior que podamos sentir frente a las fracturas que presenciamos o vivimos; de mi desconfianza cada vez más aguda en que el discurso (o la fractura del discurso) pueda paliar el sufrimiento, creo que la única salvación reside en intentar a toda costa comunicar, expresar, protestar, establecer puentes, compartir. Hacer comunal el dolor privado. Quizás sirva para algo. Como una botella lanzada al mar. Y analizar hasta qué punto ayudamos inconscientemente a una cierta burguesía, que vive acorazada en un camino estéril hacia la muerte, a mantener un capitalismo disciplinario que a todos nos daña por igual.
    Es profundamente alentador ver que alguien comparte tu punto de vista. Gracias. Sigamos hablando.

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