Posteado por: BOX8 | 26 enero 2009

LOS DISPOSITIVOS DEL SILENCIO

A las mujeres se las ha manipulado siempre a través de la falsedad y el silencio; conceptos interrelacionados ya que el silencio es una de las variadas formas que puede adoptar la mentira. Se las ha obligado – según las épocas – a no mostrar su sexualidad o a todo lo contrario, se las ha mantenido alejadas de las verdades de su cuerpo y reducidas al ámbito minúsculo de lo doméstico, se han visto forzadas a acallar cualquier conflicto femenino por miedo a que se las tomara por locas y que sus malestares – con un evidente origen político en muchísimos casos – fueran psiquiatrizados o simplemente trivializados, ignorados. No es extraño pues, que su supervivencia en este sistema perverso haya tenido que contar con su complicidad y que para las mujeres la mentira haya sido una manera habitual de expresión. Mentimos con nuestras palabras y con nuestros cuerpos. En muchos casos hemos mentido de manera inconsciente, sin cálculo; en otros, para sobrevivir en un mundo que nos es hostil; en otros, simplemente para manipular, o para agradar, o para encontrar un otro acogedor, o por miedo a perder el control sobre el otro o sobre una situación dada, y por la vulnerabilidad que todo ello produce. Pero la mentira fomenta la soledad y el autoengaño; perjudica a nuestras hijas, que aprenderán muy pronto que la manipulación puede ser un excelente mecanismo de poder y control sobre aquellos que nos rodean; nos priva de una importante parte de nosotras mismas, nos hace perder la fe en nosotras. Como dice Adrienne Rich, “una relación humana honorable  (…) es un proceso delicado, violento, a veces aterrorizante para las dos personas involucradas, un proceso de redefinición de las verdades que pueden decirse el uno al otro”. Así, la verdad (la honesta verdad de cada uno de nosotros, múltiple pero sólida) se constituye en instrumento esencial para vencer la amnesia, para establecer el encuentro.

manicomio

Tuvo que llegar Foucault para interpretar la influencia del capitalismo (el biopoder) en el concepto de enfermedad mental y señalar que numerosas psicopatologías (me refiero concretamente a las atribuidas a las mujeres) eran simplemente conductas que se apartaban de lo normativo, manifestaciones de malestar ante relaciones de poder desequilibradas y lesivas. Tradicionales mecanismos de control sobre estas conductas han sido el encierro, la invisibilidad, el silencio impuesto o la tranquilidad bajo receta médica; mecanismos que preferían ignorar que muchos de estos conflictos, originados en construcciones sociales, se han penalizado simplemente, responsabilizando al individuo de su propio malestar. Y es inmoral responsabilizar al individuo que está en situación de precariedad en un sistema capitalista globalizado, racista y homófobo, que consume vidas y tiempo en aras de una supuesta productividad, de su propio sufrimiento atribuyendo un origen exclusivamente psicológico a su mal. Y es que este sufrimiento no sólo es psicológico, sino también político y, por tanto, evitable. Únicamente la ruptura del silencio a través de la expresión de nuestras verdades es la que puede cimentar una acción colectiva que subvierta instituciones y versiones heredadas de la historia que tanto daño y vacío generan en cada uno de nosotros.

(Marisol Sánchez Gómez)


Responses

  1. Muchas gracias por ese texto que ha escrito tan brillante, tan lúcido, tan corrosivo, tan coherente, tan extraordinario. Chapeau. Más gracias.

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  2. yo he leído a Michel en la madrugada

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  3. os voy adecir sin contradeciros: el planeta tierra es el arca de noé

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  4. Después de Foucult la lucidez o la locura ya nos son opciones dialécticas…lo que él quiere decir es que hay un momento en que las cosas aparecen… emergen o proceden

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  5. ursprung, herkunft, enste..

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  6. Me gusta mucho este texto. ¡Ánimo, Dra. Sánchez! Este blog es cada día más grande.

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  7. Con voz y con voto.

    Toda relación personal siempre es política, este descubrimiento te lo debo a ti, porque aunque es algo que se intuye tú pusiste las palabras adecuadas que definen siempre las relaciones interpersonales.
    Refieres en el texto el miedo de la mujer a que se la psiquiatrice y se la considere enferma mental cuando expresa sus conflictos femeninos, esto que es absolutamente trágico y cruel, parece que tiene como respuesta el desarrollo de la mentira y a través de ella la manipulación. Es algo consabido, forma parte de la sabiduría popular, ese carácter manipulador, sibilino de la mujer, pero hay que acabar con ese tópico que tanto, tanto daño nos hace, porque si bien es cierto que hay mujeres que, faltas de confianza y de seguridad en sí mismas, utlizan estas armas tan denigrantes para ellas mismas, hay otras que mostrándose fuertes, seguras y sinceras deben luchar contra el tópico pidiendo denostadamente el reconocimiento de su propia valía sin necesidad de recurrir al engaño y la manipulación.
    Todas no somos iguales, lo siento, esto hay que decirlo, gritarlo, proclamarlo, todas no somos iguales, la condición femenina no es la manipulación del hombre para conseguir su dominio y así no ser abandonadas, hay mujeres que se muestran de frente sin ambages ni subterfugios y es absolutamente injusto que deban luchar con la recurrente condición manipuladora que sólo es arma de cobardes y de mediocres. La mujer no necesita que nadie la cuide, ella es capaz de cuidarse a sí misma, basta ya del miedo al abandono, miedo a la pérdida del amor SÍ, al abandono NO.

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  8. Tenía yo como 17 años, y discutiendo sobre feminismos (en su definición esquemática y popularizada), mis tíos comenzaron a hablar con nostalgia de aquella época en que las mujeres estaban más sometidas pero vencían los límites saliéndose con la suya de estrangis. En síntesis: la mujer había ganado en igualdad pero había perdido en astucia sibilina. Yo flipé: ¡Pero cómo! ¿Preferís relacionaros sin que medie sinceridad intelectual alguna entre vosotros? Y sí: consideraban admirable el silencioso enredito manipulador. Y no se trata de algo generacional, no (mis tíos deben de estar ahora mismo cerca de los 50): hace unos meses, una amiga de 37 me dijo que había “arrastrado” a su marido a terapia de pareja. La estrategia para conseguir tal cosa se la había dado la propia psicóloga: como el tipo era reticente a acudir, había que traerlo a la consulta bajo el pretexto de que él podía ayudarla a ella (quien pasaba a ser la única depositaria de problemas psicológicos). Aluciné. Que no digo yo que dadas las circunstancias no fuese esa la única solución pa’l caso; pero me hago cruces de que no se puedan hacer las cosas hablando de frente. Es más: me hago cruces de que él no quiera que las cosas se hagan hablando de frente. En fin.

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  9. Brillante artículo. Bravo, Marisol

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