Posteado por: BOX8 | 22 enero 2010

UN MENSAJE LLEVA A OTRO: CÓMO RESISTIR LA PRISIÓN-MUNDO (John Berger)

(Fragmentos del texto publicado en Biodiversidad en América latina y el Caribe, el 21 de enero de 2010)

John Berger

La maravillosa poeta estadunidense, Adrienne Rich, apuntó en una conferencia reciente que: “Este año, un informe del Bureau of Justice Statistics (oficina de estadísticas judiciales) revela que uno de cada 136 residentes en Estados Unidos está tras las rejas —muchos en cárceles, sin que se les haya dictado condena”.

En la misma conferencia ella citó al poeta griego Yannis Ritsos:

En el campo, la última golondrina se dilata en partir,y se mece en el aire como listón negro en la manga del otoño.

No queda nadie más. Sólo las casas quemadas que arden quietas.

***

Descolgué el teléfono y supe de inmediato que eras tú que me llamabas desde tu departamento en la Via Paolo Sarpi. (Dos días después de que los resultados electorales anunciaran el retorno de Berlusconi.) La velocidad con que identificamos una voz familiar que llega de la nada es algo que conforta pero también tiene algo de misterioso. Porque las medidas, las unidades que utilizamos en calcular la clara distinción entre una voz y otra, no pueden formularse y son innombrables. No tienen código. En estos días hay más y más códigos.

Así que me pregunto si no habrá otras medidas, igualmente sin código y no obstante precisas, con las cuales calcular otros supuestos.

Por ejemplo, el monto de la libertad circunstancial que existe en una situación dada, su rango y sus límites estrictos. Los prisioneros se vuelven expertos en esto. Desarrollan una sensibilidad particular hacia la libertad, no en tanto principio, sino en tanto sustancia áspera y granular. Casi de inmediato detectan los fragmentos de libertad cuando ocurren.

***

En un día ordinario, cuando nada sucede y las crisis que se anuncian hora tras hora son ya nuestras viejas conocidas —y mientras los políticos se presentan a sí mismos como única alternativa a la catástrofe— las personas intercambian miradas al cruzarse unas con otras, para cotejar si los demás entienden lo mismo cuando murmuran: así es la vida.

Es frecuente que otros contemplen lo mismo y en ese instante compartan un cierto tipo de cercanía ante algo que no han dicho ni discutido.

Busco palabras para describir el periodo de la historia en que vivimos. Decir que no tiene precedentes significa muy poco porque ningún periodo tiene precedentes desde que se descubrió lo que llamamos historia.

No busco una definición compleja para el periodo que atravesamos —hay algunos pensadores, como Zygmunt Bauman que han asumido esta esencial tarea. Sólo busco una figura que sirva como coordenada, como hito o mojonera. Las mojoneras no se explican plenamente por sí mismas, pero ofrecen un punto de referencia que se puede compartir. En eso son parecidas a las suposiciones tácitas contenidas en los proverbios populares. Sin referentes hay un gran riesgo de que los humanos demos vueltas y vueltas.

***

El referente que encontré es ése de la prisión. Nada menos. Por todo el planeta vivimos en una prisión.

La palabra nosotros, cuando se imprime o se pronuncia en las pantallas se ha vuelto sospechosa. Todo el tiempo la usan los que, detentando el poder, con demagogia dicen hablar por aquellos a quienes les niegan ese poder. Hablemos de nosotros pronunciando ellos. Ellos viven en una prisión.

Qué clase de prisión, cómo se construyó, dónde está situada, ¿O acaso utilizo la palabra únicamente como figura del lenguaje?

No, no es metáfora, el encarcelamiento es real, pero para describirlo tiene uno que pensar históricamente.

Qué tipo de prisión.

Michel Foucault ha mostrado gráficamente que la penitenciaría fue una invención de fines del siglo dieciocho, principios del siglo diecinueve, vinculada de cerca con la producción industrial y sus fábricas y su filosofía utilitaria. Antes hubo cárceles que eran extensiones de las jaulas y los calabozos. Lo que distingue a la penitenciaría es el número de presos que puede empacar, y el hecho de que todos ellos se encuentren bajo continua vigilancia —gracias al modelo del panóptico, según lo concibiera Jeremy Bentham que introdujo el principio de la contabilidad a la ética.

La contabilidad exige que toda transacción se anote. Por eso las paredes circulares de las penitenciarías, las celdas dispuestas en círculos y la torre de vigilancia como tornillo en el centro. Bentham, quien fuera el tutor de John Stuart Mill a principios del siglo diecinueve, fue el filósofo utilitarista que más justificó el capitalismo industrial.

Hoy, en la era de la globalización, el mundo está dominado por el capital financiero, no el capital industrial, y los dogmas que definen la criminalidad y la lógica del encarcelamiento han cambiado radicalmente. Las penitenciarías existen aún y se construyen más y más. Pero los muros de la prisión sirven ahora para un propósito diferente. Lo que constituye un área carcelaria se ha transformado.

***

[…] Hoy, el propósito de casi todos los muros de la prisión (de concreto, electrónicos, de patrullaje o de interrogatorio) no es mantener a los prisioneros dentro para corregirlos, sino mantenerlos fuera y excluirlos.

Casi todos los excluidos son anónimos —por eso hay la obsesión de las fuerzas de seguridad con el asunto de la identidad. También son incontables. Por dos razones. Primero porque su cantidad fluctúa: cada hambruna, desastre natural e intervención militar (hoy llamadas acciones policiacas) disminuye o incrementa la multitud de excluidos. Segundo, porque evaluar su número es confrontar la verdad de que ellos constituyen la mayoría de los que viven sobre la tierra, y para el poder asumir esto implica hundirse en el absurdo absoluto.

***

[…] 

Los pueblos no tienen sino el grado de libertad que su audacia le conquista al miedo

Stendhal

Observo a una niña de cinco años mientras toma su clase de natación en la piscina municipal techada. Lleva un traje de baño azul oscuro. Puede nadar y sin embargo le falta la confianza para nadar sola sin ayuda alguna. La instructora la lleva al lado profundo de la alberca. La niña está por brincar al agua y mientras se aferra a la barra larga que le extiende su maestra. Es una manera de que le pierda el miedo al agua. Lo mismo hicieron ayer.

Hoy, ella quiere que la niña brinque sin tomarse de la barra. ¡Uno, dos, tres! La niña brinca pero en el último momento se prende de la barra. No se profieren palabras. Una leve sonrisa cruza entre la mujer y la niña. La niña se apena, la mujer es paciente.

La niña sale de la piscina trepando por la escala y regresa al borde. Voy a brincar otra vez, dice. La mujer asiente. La niña inhala, expele el aire y brinca, con las manos a los lados, sin sostenerse de nada. Cuando sale a la superficie, la punta de la barra está ahí enfrente de su nariz. De dos brazadas llega a la escala sin tocar la barra. ¡Bravo!

En el momento en que la niña brincó sin prenderse de la barra, ninguna de las dos mujeres estaba en prisión.

***

Miremos la estructura del poder del mundo sin precedentes que nos circunda y cómo funciona su autoridad. Toda tiranía encuentra e improvisa su propia serie propia de controles. Es por eso que al principio uno no los identifica como los crueles controles que son.

Las fuerzas de mercado que dominan al mundo aseguran que son inevitablemente más fuertes que cualquier Estado-nación. Su afirmación la corroboran minuto a minuto eventos que van de la llamada no solicitada que intenta persuadir a quien contesta de comprar una nueva póliza de seguro médico o pensión al más reciente ultimátum de la Organización Mundial de Comercio.

El resultado es que la mayoría de los gobiernos no gobierna más. Un gobierno ya no maniobra hacia su destino escogido. El término horizonte, con su promesa de un futuro esperado, se desvaneció como discurso político —en la derecha y en la izquierda. Lo que queda es debatir cómo medir los restos. Las encuestas de opinión reemplazan el rumbo, reemplazan el deseo.

La mayoría de los gobiernos pastorean en lugar de proponer un rumbo. (En la jerga carcelaria estadunidense, pastor es una de las muchos apodos usados para los carceleros.)

En el siglo dieciocho, al encarcelamiento de largo plazo se le definía, con gran aprobación, como “muerte civil”. Tres siglos más tarde, los gobiernos imponen, por ley, por fuerza y mediante el ajetreo de las amenazas económicas, regímenes masivos de “muerte civil”.

***

[…] 

El sistema-prisión opera gracias al ciberespacio. Éste ofrece al mercado una velocidad de intercambio que lo vuelve casi instantáneo, y que se usa, día y noche para comerciar por todo el mundo. A partir de esta velocidad, la tiranía del mercado obtiene su licencia extraterritorial. Tal velocidad, sin embargo, tiene un efecto patológico sobre sus usuarios: los anestesia. Pase lo que pase, el negocio como de costumbre.

No hay lugar para el dolor en tal velocidad: quizá existan anuncios de la existencia de un dolor, pero no alcanzan para hacer sentir su sufrimiento. En consecuencia, la condición humana se desvanece, es excluida de la operación del sistema. Los operadores, los estafadores, están solos porque son ruines en extremo.

Antes, los tiranos eran inmisericordes e inaccesibles pero eran vecinos, gente sujeta al dolor. Éste ya no es el caso, lo que a largo plazo será el error fatal del sistema.

***

[…] 

La última sugerencia no es táctica sino estratégica.

El hecho de que los tiranos del mundo sean extraterritoriales explica la extensión de su poder de vigilancia, pero anuncia también una debilidad próxima. Operan en el ciberespacio y se alojan en condominios resguardados. No tienen conocimiento alguno de la tierra que los circunda. Aun más, desprecian ese conocimiento por considerarlo superficial, sin profundidad. Únicamente cuentan los recursos extraídos. No pueden escuchar a la tierra. En el terreno son ciegos. En lo local están perdidos.

Para los compañeros presos lo contrario es cierto. Las celdas tiene muros que tocándose cruzan todo el mundo. Los actos efectivos de resistencia sostenida están incrustados en lo local, cerca y lejos. La resistencia más remota es escuchar a la tierra.

Poco a poco, la libertad no se encuentra fuera sino en las profundidades de la prisión.

***

No sólo reconocí tu voz que me hablaba desde tu departamento en la Via Paolo Sarpi. Pude también adivinar, gracias a tu voz, lo que estabas sintiendo. Sentí la exasperación, o más bien, la exasperada entereza que se mezclaba —y eso es tan típico de ti— con los rápidos pasos encaminados a la esperanza siguiente.

(Traducción: Ramón Vera Herrera)


Responses

  1. Un mensaje lleva a otro… Esto me suena, me suena mucho, ¡ qué mierda¡ Esta necesidad que tengo de comunicación y que haya algunos perros capaces de mantenerte en una celda de aislamiento de forma continua y sistemática sometida a una tortura sibilina dejánte sola con tus voces. ¡ Qué poder¡ ¡joder, qué poder¡ No tengo tiempo de leerte ahora todo el post tengo que irme a la peluquería sin canon de la SGAE. Después te pongo un comentario porque por lo que he visto el post es muy bueno, pero muy bueno Marisol. Yo seguramente pondré uno con la música de dos mulas y una mujer y un pequeño texto de Narciso en su opinión, qué relación hay entre ambos conceptos? Pues una mula torda pelada, así de sencillo, pelada, peladita.

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  2. ! Qué bueno¡ Un post excelente, no cabría esperar otra cosa de ti, pero de todas formas en este caso te has superado.

    La última sugerencia estratégica no táctica es reveladora, en una sociedad como la nuestra no sólo el tiempo es líquido como dice Bauman sino que el espacio también se licúa conformando una sustancia acuosa que se escapa de entre las manos, en el ciberespacio el espacio- tiempo es resbaladizo, no empapa, sólo se desliza hacia la nada. La niña de cinco años convertida en mujer puede nadar sin asirse a ninguna barra porque ya aprendió a bucear y a tener luz en la oscuridad más absoluta.

    Última reflexión sin juicio, en la peluquería esta mañana la música estaba muy bajita. ¿Será por eso por lo que no me han cobrado el canon?

    Un beso

    María José

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  3. In my opinion you forget the true objective of the prison, that is to contain the criminals who threaten the comfort which the society sells for their own freedom. Also, the human race in state of freedom is like a wild animal who can steal or kill to eat; and that is the reason why people give their lives to a few leaders. The true problem of these leaders, and in my opinion (like Marx says) we need a revolution, but not the proletarian revolution. We need a revolution of doctors, professors, physicists, engineers, people who are prepared to direct the world and whose only objetive is the progress to perfection. And this can’t be obtained writing in blogs or going out to the strees and say four shit, WE NEED WEAPONS (and I will say this all my life or until I grow-up (who knows)).

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