Posteado por: BOX8 | 29 abril 2010

CON ROBERT HASS, EN MADRID (I)

Robert Hass ha participado en el reciente encuentro internacional de poesía Cosmopoética, celebrado en Córdoba. A su vuelta, pasamos un par de tardes en Madrid. Cordial, sencillo, curioso y dotado de una escucha atenta, charló conmigo de poesía (Mahmoud Darwish – poeta del que no había querido revisar las últimas traducciones realizadas al inglés dado su evidente desprecio al cuerpo al celebrar los atentados suicidas de los jóvenes palestinos – , Neruda – sobre el que discrepamos un poco -, Vallejo, Milosz, su traducción de los haikus de Bashô, Issa y Buson, ciertos poetas “emergentes” españoles, el “working-class writing” de Judy Grahn, Thomas Avena, Adrienne Rich…), de política, del medio ambiente, de la vida, la amistad y el psicoanálisis. De esas tardes, me quedo con un par de cosas: su convencimiento de que a veces en la vida es más importante para uno mismo entregar el mensaje que el mensaje en sí, y que en poesía es necesario manejar un lenguaje poético de amplitud.

Mientras paseábamos me contó muy divertido que había coincidido en el tren hacia Córdoba con un obispo y un grupo de monjas (¡de Michigan!) y que el obispo se había empeñado en bendecir su teléfono móvil en varias ocasiones durante el viaje. Guiñándome el ojo, con simpatía, me comentó que algún pope de la poesía española encontrado en Cosmopoética parecía también que se iba a lanzar a “bendecir su móvil, o bendecir algo”, compulsivamente, de un momento a otro. Y con curiosidad y buen humor, siguió caminando por la Plaza Santa Ana entre grupos flamencos que bailaban para los turistas.

Robert Hass en Madrid. Hubiera preferido una foto de él solo pero mi nueva cámara no lo ha hecho posible y ésta es la mejor.

 

POEMAS:

 
Boca ligeramente abierta
 
 
El cuerpo un fulgor amarillo y la cabeza
 
un poco naranja como en las pinturas chinas
 
bañadas de crepúsculo por los dioses del verano
 
que también provocan esa sacudida repentina
 
de los álamos, menos viento que río,
 
donde estaba el pájaro que creías
 
ver, creyeras haberlo visto o
 
no, y luego no estaba, se había
 
ocultado, dejando tras de sí el vacío
 
que ahora zumba ligeramente en ti, lo cual no es malo
 
ni triste, sólo que asemeja a un temor reverente, al miedo.
 
El pájaro está ahora en otra parte y tú estás aquí.

(De Tiempo y Materiales. Trad. Jaime Priede)

 

Un poema

“Pensábamos que Dios se ablandaría”, escribió durante la II Guerra Mundial el poeta norteamericano Richard Eberhardt, “al escuchar la ferocidad del bombardeo aéreo”. Pero Dios no es la causa de un bombardeo aéreo. Durante la guerra de Vietnam, los Estados Unidos contrataron a la RAND Corporation para que realizara un estudio sobre los efectos en las aldeas de Vietnam de su política de bombardeo masivo en el ámbito rural. Dicha política tenía al menos dos objetivos: arrasar los bosques tropicales para localizar mejor al enemigo, y liquidarlo, si se daba la casualidad de que estuviera por la zona, mediante la sacudida de las bombas, el napalm o las bombas incendiarias. La RAND Corporation envió a un becario llamado Leon Goure a Vietnam. Recibió las presiones de la fuerza aérea para terminar cuanto antes porque estaban impacientes por el resultado, pero aún así logró realizar entrevistas con la ayuda de intérpretes a granjeros del Mekong Delta y de la región montañosa alrededor de Hue. Sus conclusiones fueron que los daños colaterales en las vidas de los civiles eran muy considerables y que la gente del campo estaba atemorizada y furiosa, pero también se encontró con que echaban la culpa al Viet Cong –el ejército rebelde con el que se enfrentaba USA– y no a los Estados Unidos por la situación, porque pensaban que el Viet Cong era su legítimo gobierno y les parecía que no les estaban protegiendo como debiera. A la vista de que los bombardeos estaban enfrentando al campesinado con el enemigo vietnamita, Robert McNamara, secretario de Defensa, el General William Westmoreland, comandante en jefe encargado de seguir adelante con la guerra, y Lyndon Johnson, el presidente de los Estados Unidos, ordenaron una intensificación de los bombardeos. Al final, se lanzaron más bombas en las aldeas y los bosques del sur de Vietnam que en toda la II Guerra Mundial. La estimación de bajas vietnamitas durante la guerra es de dos millones. Una guerra cuya principal estrategia fue el terror. Ya hay más bajas entre la población iraquí desde el inicio de la guerra que las personas asesinadas por los terroristas islamistas en el atentado de las Torres Gemelas. En los primeros veinte años del siglo XX, el 90 por ciento de los muertos causados por la guerra eran combatientes. En los últimos veinte años del siglo XX, el 90 por ciento de las muertes corresponden a la población civil. No es difícil suponer quiénes son los responsables de estos hechos. Todas las naciones deberían dejar de ser un ejemplo para los terroristas suicidas. Podrían abolir el uso de minas. Podían abolir el uso de los bombardeos aéreos en las contiendas militares. Entenderíamos que al fin los hombres se ablandaban.

(De Tiempo y Materiales. Trad. Jaime Priede)

 CONTINUARÁ…

 


Responses

  1. ¡Qué rápida eres leyendo lo nuevo! Pues sí, estaba diciéndole al camarero que hiciera bien la foto – sin demasiado éxito como ves. A mí también me gusta ese poema que dices. Mañana (o pasado) cuelgo más que me gustan MUCHISIMO, y me dicen mucho. Un beso.

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  2. Primera vez que oigo sobre este poeta. Mantendré los ojos abiertos me ha gustado MUCHO el de boca ligeramente entreabierta (¿como la tuya en la foto ? ¿estabas hablando, eh? jejeje)

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