Posteado por: BOX8 | 15 agosto 2010

I WROTE (TRAS LAS HUELLAS DE LOS TRACIOS, EN BULGARIA)

Tras mi reciente viaje por Bulgaria, caracterizado por la ingesta de constantes sobredosis de yogur en todas sus variantes (frío o del tiempo, líquido como sopa o cremoso como ensalada, con pepino o sin él, con o sin ajo, dulce o amargo, en plato o en vaso) que han subido mis depósitos de calcio a unas alturas jamás soñadas por mi médico de cabecera, y a pesar de las picaduras de unos mosquitos con rejones que decidieron probar la autenticidad de mi sangre española en las orillas del mar Negro o el las montañas Pirin, dejándome unos habones (en mi tierra, tetones) que me deformaron la cara hasta parecer que padecía una extraña variante de displasia craneofacial, como el hijo de Cher en la afamada película MASK (véase foto, abajo),

estoy en condiciones de decir: ME HAN GUSTADO MUCHO LOS NATURALES DE BULGARIA (mucho antes, tracios). Porque, ¿cómo no disfrutar de un país que aloja miles de tumbas tracias, entre otras la del superrey Midas – uno de mis héroes infantiles-, y que es cuna del famoso nudo gordiano, que algunos por fastidiar sitúan en Turquía y que otros, no menos sádicos, desarman delante de tus narices, casi siempre durante los postres, diciéndote, “móntalo” con una mueca de retadora superioridad para tu desmayo? ¿Cómo no encontrarle el punto a un sitio en el que los movimientos de cabeza de los lugareños para decir sí y no son justo al contrario de lo establecido por consenso general en mi civilizado mundo con la consiguiente sensación de extrañeza y pánico en los cruces de aquellas carreteras en las que de repente pierdes la pista de dónde ibas y/o alucinas con los carteles en cirílico, cansada ya de intentar deducir si en ese cartel pone Plovdiv (en búlgaro, Пловдив) o por el contrario estás a punto de colarte en Grecia? Qué añoranza ese momentazo en el que nunca estás segura de si te han dicho sí o no, porque ellos siempre sonríen al decirlo y todo te parece lo mismo. Qué momentos tan apasionantes como copilota intentando seguir la ruta roja con tu dedito en el mapa a la vez que intentas desesperadamente recordar hacia donde se movió la cabeza del empleado de la gasolinera que te indicaba el camino… ¡Ay, las vacaciones! Qué gran aprendizaje son sobre una misma.

Y qué país, con campos interminables de rosas de Damasco y rosas blancas; con montañas de un verdor de postal por sus bosques de abetos y de hayas, y de playas como un Benidorm sin rascacielos, atiborradas de búlgaros, rusos y polacos (todo un exotismo); con autores como Angel Wagenstein (en búlgaro: Анжел Раймонд Вагенщайн) y su delicioso EL PENTATEUCO DE ISAAC (excelentemente traducido por Liliana Tabákova), un prodigio de finura y humor que empezó a escribir con casi 80 años; un país con una extraña división entre una mayoría  prooccidental y los que añoran tiempos (comunistas) mejores, con una historia de no-ocupación relativamente reciente (¿cuándo empezó Bulgaria a ser realmente Bulgaria?); un país con empleados públicos frecuentemente antipáticos (cosa rara entre el resto de la población) cuyo lema parece ser: “Odio mi trabajo pero también te odio a ti”, y de los que emana un leve y añejo tufillo Komintern que sólo he visto en las películas de espias soviéticos; un país que come sano, bebe cerveza Zagorka (deliciosa) y al que le gusta la música y “bailar entre plato y plato” (sic., Guía Trotamundos)… Un país sin complejos – en suma – que ha decidido sentar en el gobierno a Boiko Borisov que fue guardaespaldas del último presidente comunista y más tarde del rey Simeón (omnipresente personaje del Hola! ) y al que la wikipedia, sin ánimo alguno de metaforizar, define como “especialista en lucha contra incendios” ya que fue bombero antes que fraile. (Como este personaje me fascina, he decidido incluir una foto suya en este post que ilustra lo que digo. Por si hay dudas, Borisov es el de la derecha).

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En la actual exposición en el Museo Arqueológico de Sofia sobre los orígenes y evolución del alfabeto cirílico en Bulgaria, titulada de una manera sencilla y sugerente “I WROTE” (“Lo escribí yo”) pude observar que a todos nos gusta que nos reconozcan la autoría: ese “I WROTE”, que aparecía en las piedras, estelas o muros de las iglesias bajo cualquier texto, por pequeño que fuera, escrito entonces en glagolítico o en paleocirílico. A pesar de la tendencia al anonimato típica de los textos medievales, hay muchos momentos en que el autor, el copista, el traductor o el recopilador decide salir a la luz y reclama su nombre y su trabajo, su aportación. Pensé entonces en la ardua labor de traducción y en los nombres de los traductores que tanta gente olvida en los posts de sus blogs cuando colocan un texto en prosa o un poema. Las razones pueden ser variopintas y en general, cuando dejo algún comentario con la sugerencia de que el traductor debería darse a conocer, se me responde que es una opción personal, que se desea publicar el texto “limpio”, y cosas así. Pues bien, tras visitar esa excelente exposición en Sofia, me ratifico, como un monje búlgaro del siglo X, en exigir mi nombre: lo escribí yo, lo traduje yo, me responsabilizo yo.  I WROTE.

(Marisol Sánchez)


Responses

  1. Bienvenida, Marisol. Qué envidia tu viaje… Te agradezco tus visitas a mi blog y… “Simpa” es una palabra que utilizamos mi hermana, algunos amigos y yo para decir “sin pagar”… Un neologismo de broma, en fin.

    Totalmente de acuerdo contigo en lo de los traductores. Para mí, son realmente “otros autores” (tal vez por su origen etimológico: traidor). Hice un taller con Ricardo Piglia y contó una anécdot acerca de Faulkner y Borges. Borges tradujo “Las palmeras” y decidió trasladar a su manera de escribir (con frases breves y muchos puntos, al contrario de Faulkner, la obra). Decía Piglia que, para él y los argentinos que leyeron a Faulkner traducido, así era su estilo. Hasta que lo pudo leeer en inglés, claro, y se dio cuenta de que, de nuevo, Borges había inventado una tradición… Con toda razón pudo decir: I wrote…

    Leo que has llegado con buen humor de tus vacaciones… ¡Que dure!

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  2. Parece un paseo delicioso, sobre todo si está bañado en yogur, pero sin tetones ¡or favor! que ya me han jugado muchas malas pasadas. Cálida nostalgia de mis amigos griegos que me recuerdan, por lo que dices, a esas gentes.
    Sin duda, por la foto, parece que el Don está decidido apagar fuegos, jo, jo, jo!
    Yes, anonimous voices which just read become unidentified. Big hug.

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  3. We like very much your holidays, they are very funny. We would like to go to Bulgary, but not only to take yogur, also to see the beautiful monuments of this great country.

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