Posteado por: BOX8 | 6 mayo 2011

POR QUÉ SE NECESITA UNA CRÍTICA LITERARIA QUE NO PIERDA DE VISTA EL CONTEXTO SOCIAL

Un cierto tipo de práctica discursiva – absolutamente estéril en sí misma – ha venido ignorando sistemáticamente las circunstancias externas en torno al texto artístico. Sin embargo, ¿cómo obviar el contexto en que se produce cualquier afirmación? ¿Cómo no tener en cuenta el cómo, el dónde, el por qué se produce cualquier manifestación del arte y la manera en que estas circunstancias la condicionan? No hacerlo amputa su valor y su(s) último(s)significado(s).

Según la poeta y teórica norteamericana Adrienne Rich, la vida personal como base de argumentación defendida por el feminismo de los años sesenta y setenta parece haberse convertido en un fetiche de la cultura de masas. De la misma manera, desde finales de los años ochenta, ella misma  ha defendido la necesidad de centrarse en lo material – para luchar contra la abstracción arrogante y privilegiada del poder -, y en la posición geográfica y social que ocupamos en el mundo, desarrollando una poética geopolíticamente radical. Desde entonces ha defendido incansablemente la necesidad de centrar el contexto de cualquier afirmación, en contraposición a las prácticas discursivas que tradicionalmente han venido aislando al artista de su matriz social, del momento político en que su arte se crea: “¿Qué le sucede al corazón de quien es artista, aquí, en Norteamérica? ¿Qué peaje paga el arte cuando se separa del entramado social? ¿Cómo se controla el arte, cómo se nos hace sentir inútiles e impotentes en un sistema que depende de nuestra alienación?”, dice en Sangre, pan y poesía (Edit. Icaria).

Todo lo que escribimos

será usado contra nosotros

o contra quienes amamos.

Estas son las condiciones,

las tomas o las dejas.

La poesía nunca tuvo ocasión

de estar lejos de la historia […]

Imagina que quieres escribir

sobre una mujer que entreteje

el pelo de otra mujer –

dejando que cuelgue, o con cuentas y conchas            

en trenzas de tres cabos o como filas de granos – 

mejor sería que supieras el grosor

la largura    el modelo

por qué decide trenzarse el pelo

cómo se lo hacen

en qué país sucede

qué más sucede en ese país

Tienes que saber estas cosas […]

Pienso esto en un país

donde las palabras son robadas de las bocas

como el pan es robado de las bocas

donde los poetas no van a la cárcel

por ser poetas, sino por ser

de piel oscura, mujeres, pobres.

Escribo esto en un tiempo

en el cual lo que escribimos

puede usarse contra quienes amamos

en el que no se da nunca el contexto        

aunque intentemos explicarlo, una y otra vez

Por el bien de la poesía al menos

tengo que saber estas cosas

(“Tiempo norteamericano”, mi traducción, publicada en la antología titulada Adrienne Rich: Poemas 1963-2000)

 

El arte es un proyecto democrático que crea comunidad, por lo que los escritores, tal como Rich los percibe, deben reflexionar “sobre el valor de la palabra escrita frente a las enormes necesidades humanas” que existen alrededor de la página. Analizando los versos escritos por los presos en el gulag de Guantánamo y obras de escritores asediados políticamente como el palestino Mahmoud Darwish, que documenta el bombardeo israelí sobre Beirut, Dionne Brand, que escribe desde la diáspora colonial, Eduardo Galeano, Juan Gelman, el poeta griego Yannis Ritsos o el sudafricano Dennis Brutus, Rich manifiesta su convicción de que el lenguaje puede ser el instrumento fundamental para combatir la irrealidad y las mentiras, y, al igual que sostiene el poeta palestino Mourid Barghouti, de que la imaginación poética no debe servir para escapar de la realidad sino para enfrentarse a ella. De ahí se deduce la necesidad que todos tenemos de un arte que se resista al contenido del discurso autoritario; un arte que exija responsabilidades éticas y artísticas a quienes lo realizan.


Responses

  1. Alegría de leerte…, te prodigas poco, lástima. Buena entrada, necesaria.

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  2. Muy bien dicho. Es todo un manifiesto. Gracias

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  3. Totalmente de acuerdo. Gracias.

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  4. Hasta hace unas décadas, el artista era el primero que denunciaba las injusticias sociales, el primer grito que se oía. Era el pionero, la referencia. Pero se ha “prostituido” y ahora vende sus obras al mejor postor. Si no recuperamos la integridad y el sentido reflexivo, guiaremos la sociedad al caos.
    Muy interesante.
    Saludos.

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  5. Gracias.

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