TODO CABE EN MONYWA (MYANMAR)
UN MENSAJE LLEVA A OTRO: CÓMO RESISTIR LA PRISIÓN-MUNDO (John Berger)
(Fragmentos del texto publicado en Biodiversidad en América latina y el Caribe, el 21 de enero de 2010)
John Berger
La maravillosa poeta estadunidense, Adrienne Rich, apuntó en una conferencia reciente que: “Este año, un informe del Bureau of Justice Statistics (oficina de estadísticas judiciales) revela que uno de cada 136 residentes en Estados Unidos está tras las rejas —muchos en cárceles, sin que se les haya dictado condena”.
En la misma conferencia ella citó al poeta griego Yannis Ritsos:
En el campo, la última golondrina se dilata en partir,y se mece en el aire como listón negro en la manga del otoño.
No queda nadie más. Sólo las casas quemadas que arden quietas.
***
Descolgué el teléfono y supe de inmediato que eras tú que me llamabas desde tu departamento en la Via Paolo Sarpi. (Dos días después de que los resultados electorales anunciaran el retorno de Berlusconi.) La velocidad con que identificamos una voz familiar que llega de la nada es algo que conforta pero también tiene algo de misterioso. Porque las medidas, las unidades que utilizamos en calcular la clara distinción entre una voz y otra, no pueden formularse y son innombrables. No tienen código. En estos días hay más y más códigos.
Así que me pregunto si no habrá otras medidas, igualmente sin código y no obstante precisas, con las cuales calcular otros supuestos.
Por ejemplo, el monto de la libertad circunstancial que existe en una situación dada, su rango y sus límites estrictos. Los prisioneros se vuelven expertos en esto. Desarrollan una sensibilidad particular hacia la libertad, no en tanto principio, sino en tanto sustancia áspera y granular. Casi de inmediato detectan los fragmentos de libertad cuando ocurren.
***
En un día ordinario, cuando nada sucede y las crisis que se anuncian hora tras hora son ya nuestras viejas conocidas —y mientras los políticos se presentan a sí mismos como única alternativa a la catástrofe— las personas intercambian miradas al cruzarse unas con otras, para cotejar si los demás entienden lo mismo cuando murmuran: así es la vida.
Es frecuente que otros contemplen lo mismo y en ese instante compartan un cierto tipo de cercanía ante algo que no han dicho ni discutido.
Busco palabras para describir el periodo de la historia en que vivimos. Decir que no tiene precedentes significa muy poco porque ningún periodo tiene precedentes desde que se descubrió lo que llamamos historia.
No busco una definición compleja para el periodo que atravesamos —hay algunos pensadores, como Zygmunt Bauman que han asumido esta esencial tarea. Sólo busco una figura que sirva como coordenada, como hito o mojonera. Las mojoneras no se explican plenamente por sí mismas, pero ofrecen un punto de referencia que se puede compartir. En eso son parecidas a las suposiciones tácitas contenidas en los proverbios populares. Sin referentes hay un gran riesgo de que los humanos demos vueltas y vueltas.
***
El referente que encontré es ése de la prisión. Nada menos. Por todo el planeta vivimos en una prisión.
La palabra nosotros, cuando se imprime o se pronuncia en las pantallas se ha vuelto sospechosa. Todo el tiempo la usan los que, detentando el poder, con demagogia dicen hablar por aquellos a quienes les niegan ese poder. Hablemos de nosotros pronunciando ellos. Ellos viven en una prisión.
Qué clase de prisión, cómo se construyó, dónde está situada, ¿O acaso utilizo la palabra únicamente como figura del lenguaje?
No, no es metáfora, el encarcelamiento es real, pero para describirlo tiene uno que pensar históricamente.
Qué tipo de prisión.
Michel Foucault ha mostrado gráficamente que la penitenciaría fue una invención de fines del siglo dieciocho, principios del siglo diecinueve, vinculada de cerca con la producción industrial y sus fábricas y su filosofía utilitaria. Antes hubo cárceles que eran extensiones de las jaulas y los calabozos. Lo que distingue a la penitenciaría es el número de presos que puede empacar, y el hecho de que todos ellos se encuentren bajo continua vigilancia —gracias al modelo del panóptico, según lo concibiera Jeremy Bentham que introdujo el principio de la contabilidad a la ética.
La contabilidad exige que toda transacción se anote. Por eso las paredes circulares de las penitenciarías, las celdas dispuestas en círculos y la torre de vigilancia como tornillo en el centro. Bentham, quien fuera el tutor de John Stuart Mill a principios del siglo diecinueve, fue el filósofo utilitarista que más justificó el capitalismo industrial.
Hoy, en la era de la globalización, el mundo está dominado por el capital financiero, no el capital industrial, y los dogmas que definen la criminalidad y la lógica del encarcelamiento han cambiado radicalmente. Las penitenciarías existen aún y se construyen más y más. Pero los muros de la prisión sirven ahora para un propósito diferente. Lo que constituye un área carcelaria se ha transformado.
***
[...] Hoy, el propósito de casi todos los muros de la prisión (de concreto, electrónicos, de patrullaje o de interrogatorio) no es mantener a los prisioneros dentro para corregirlos, sino mantenerlos fuera y excluirlos.
Casi todos los excluidos son anónimos —por eso hay la obsesión de las fuerzas de seguridad con el asunto de la identidad. También son incontables. Por dos razones. Primero porque su cantidad fluctúa: cada hambruna, desastre natural e intervención militar (hoy llamadas acciones policiacas) disminuye o incrementa la multitud de excluidos. Segundo, porque evaluar su número es confrontar la verdad de que ellos constituyen la mayoría de los que viven sobre la tierra, y para el poder asumir esto implica hundirse en el absurdo absoluto.
***
[...]
Los pueblos no tienen sino el grado de libertad que su audacia le conquista al miedo
Stendhal
Observo a una niña de cinco años mientras toma su clase de natación en la piscina municipal techada. Lleva un traje de baño azul oscuro. Puede nadar y sin embargo le falta la confianza para nadar sola sin ayuda alguna. La instructora la lleva al lado profundo de la alberca. La niña está por brincar al agua y mientras se aferra a la barra larga que le extiende su maestra. Es una manera de que le pierda el miedo al agua. Lo mismo hicieron ayer.
Hoy, ella quiere que la niña brinque sin tomarse de la barra. ¡Uno, dos, tres! La niña brinca pero en el último momento se prende de la barra. No se profieren palabras. Una leve sonrisa cruza entre la mujer y la niña. La niña se apena, la mujer es paciente.
La niña sale de la piscina trepando por la escala y regresa al borde. Voy a brincar otra vez, dice. La mujer asiente. La niña inhala, expele el aire y brinca, con las manos a los lados, sin sostenerse de nada. Cuando sale a la superficie, la punta de la barra está ahí enfrente de su nariz. De dos brazadas llega a la escala sin tocar la barra. ¡Bravo!
En el momento en que la niña brincó sin prenderse de la barra, ninguna de las dos mujeres estaba en prisión.
***
Miremos la estructura del poder del mundo sin precedentes que nos circunda y cómo funciona su autoridad. Toda tiranía encuentra e improvisa su propia serie propia de controles. Es por eso que al principio uno no los identifica como los crueles controles que son.
Las fuerzas de mercado que dominan al mundo aseguran que son inevitablemente más fuertes que cualquier Estado-nación. Su afirmación la corroboran minuto a minuto eventos que van de la llamada no solicitada que intenta persuadir a quien contesta de comprar una nueva póliza de seguro médico o pensión al más reciente ultimátum de la Organización Mundial de Comercio.
El resultado es que la mayoría de los gobiernos no gobierna más. Un gobierno ya no maniobra hacia su destino escogido. El término horizonte, con su promesa de un futuro esperado, se desvaneció como discurso político —en la derecha y en la izquierda. Lo que queda es debatir cómo medir los restos. Las encuestas de opinión reemplazan el rumbo, reemplazan el deseo.
La mayoría de los gobiernos pastorean en lugar de proponer un rumbo. (En la jerga carcelaria estadunidense, pastor es una de las muchos apodos usados para los carceleros.)
En el siglo dieciocho, al encarcelamiento de largo plazo se le definía, con gran aprobación, como “muerte civil”. Tres siglos más tarde, los gobiernos imponen, por ley, por fuerza y mediante el ajetreo de las amenazas económicas, regímenes masivos de “muerte civil”.
***
[...]
El sistema-prisión opera gracias al ciberespacio. Éste ofrece al mercado una velocidad de intercambio que lo vuelve casi instantáneo, y que se usa, día y noche para comerciar por todo el mundo. A partir de esta velocidad, la tiranía del mercado obtiene su licencia extraterritorial. Tal velocidad, sin embargo, tiene un efecto patológico sobre sus usuarios: los anestesia. Pase lo que pase, el negocio como de costumbre.
No hay lugar para el dolor en tal velocidad: quizá existan anuncios de la existencia de un dolor, pero no alcanzan para hacer sentir su sufrimiento. En consecuencia, la condición humana se desvanece, es excluida de la operación del sistema. Los operadores, los estafadores, están solos porque son ruines en extremo.
Antes, los tiranos eran inmisericordes e inaccesibles pero eran vecinos, gente sujeta al dolor. Éste ya no es el caso, lo que a largo plazo será el error fatal del sistema.
***
[...]
La última sugerencia no es táctica sino estratégica.
El hecho de que los tiranos del mundo sean extraterritoriales explica la extensión de su poder de vigilancia, pero anuncia también una debilidad próxima. Operan en el ciberespacio y se alojan en condominios resguardados. No tienen conocimiento alguno de la tierra que los circunda. Aun más, desprecian ese conocimiento por considerarlo superficial, sin profundidad. Únicamente cuentan los recursos extraídos. No pueden escuchar a la tierra. En el terreno son ciegos. En lo local están perdidos.
Para los compañeros presos lo contrario es cierto. Las celdas tiene muros que tocándose cruzan todo el mundo. Los actos efectivos de resistencia sostenida están incrustados en lo local, cerca y lejos. La resistencia más remota es escuchar a la tierra.
Poco a poco, la libertad no se encuentra fuera sino en las profundidades de la prisión.
***
No sólo reconocí tu voz que me hablaba desde tu departamento en la Via Paolo Sarpi. Pude también adivinar, gracias a tu voz, lo que estabas sintiendo. Sentí la exasperación, o más bien, la exasperada entereza que se mezclaba —y eso es tan típico de ti— con los rápidos pasos encaminados a la esperanza siguiente.
(Traducción: Ramón Vera Herrera)
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BUENOS AMIGOS (poema de Camilo de Ory)
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Camilo de Ory
Tres hurras por el óxido
que devuelve
la dignidad perdida
al objeto
vilmente repintado
y dota
de salvadora pátina
al que
nunca
la tuvo.
(Por qué sólo beso a las estatuas)
Un poema de Ana Pérez Cañamares sobre la supuesta fuerza de algunas mujeres
Entonces ¿tú también me ves así?
¿Tú también me ves fuerte?
Porque le echo cayena a la comida,
porque bebo como un hombre
(un hombre que bebe mucho)
porque me he horadado el cuerpo
-y el cerebro-
porque he parido a cuatro patas
como una hembra en su guarida
porque okupé en Londres
porque he hablado en público
y he lavado y vestido a mi madre muerta
porque me he rapado el pelo
y lo he teñido de amarillo
porque he dormido sola en el monte
y he puesto a conversar
mi oscuridad con la oscuridad de fuera.
Así que tú también me ves fuerte.
Serás de los que te sorprendas
el día que me desplome;
insistirás en que nunca me viste
dar una señal de debilidad
o de abatimiento.
Te equivocarás como todos
y no podré culparte:
toda la vida llevo apoyándome
en esta fama de fuerte.
Sólo yo sé que la fama camina
sobre muletas podridas.
(Ana Pérez Cañamares, La alambrada de mi boca, 2007)
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¿Quién dijo que los fuertes no sufren, que no son también vulnerables? A veces odiamos nuestra fuerza porque vemos que los otros la usan como excusa para no cuidarnos, porque rechazan una vulnerabilidad nuestra que no desean ver porque son unos desalmados, porque no quieren saber nada del desamparo ajeno. Algunas, para conseguir ese cuidado que deseamos obtener como muestra de afecto, optamos inconscientemente por hacernos las tontas, pareciendo que necesitamos guías o gurús, cuando nuestra brújula interna jamás nos engaña y nos lleva – si la obedecemos – por buen camino. A veces, buscando algo cuando creemos que estamos en cierto modo perdidas, intentamos obtener ayuda donde finalmente resulta que nada se nos puede ofrecer, donde seremos canibalizadas. ¿Somos nosotras las que nos ofrecemos como objetos prestos a ser devorados en esa búsqueda? Por eso es tan importante analizar en profundidad qué nos ha llevado hasta ahí, por qué nos empeñamos ciegamente en olvidar lo que realmente somos y valemos, por qué nos adelantamos a cubrir la necesidad del otro hasta casi morir.
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COLOQUIO DE SIRENAS (poemario de Isabel Fresco Otero)
El poemario Coloquio de sirenas (que reúne los libros La mujer pez y Lachrimae) es una colección de versos de una imaginería potente que nos conecta con un mundo sensorial rico y profundo, con una imaginación misteriosa.
El tono general de la poesía de Isabel Fresco es meditativo y frecuentemente nostálgico; contempla la naturaleza de manera reflexiva y ésta le sirve de marco para rescatar una memoria sumergida, un recuerdo profundamente sugerente. La naturaleza, los objetos, los monumentos, las ruinas, todos ellos cargados de memoria, establecen una relación profunda con los recuerdos y la emoción. No es extraño pues que algunos de sus poemas tengan un tono marcadamente elegíaco:
No existe aquel lugar, de hecho ya no existe,
sin el coro ensayando una misa en el porche;
es domingo y la lluvia cae mansa ahí fuera,
y en la pétrea nave se pegan las palabras.
(“Locus Amoenus”, Lachrimae).
Esta tendencia aparece también expresada poéticamente en La mujer pez:
Delimitar el pasado se me hace de pronto tan urgente como la res-
piración en la agonía
donde el verso cortado abruptamente nos trae a la memoria el estertor agónico. Así pues, para ella el recuerdo es vida que nutre.
Su poesía, además de alimentarse de la memoria y la contemplación, brota del umbral del sueño y, de esta forma, aunque no abundan en su obra las metáforas de corte surrealista, encontramos mares hirvientes en los “que se oyen por todas partes pulmones derretidos” y cielos surcados por “serpientes águila” que “expanden el dolor”; o ángeles que
¿Vagarían por el éter iconos fugitivos estirando las alas, pegándolas
al cuerpo para pasar inadvertidos?
¿No se resbalarían entre tanta saliva de plegarias?
¿No distribuirían los dones con monotonía de amantes abusados?
Armoniosos claustros colgados en la nada,
torres proporcionadas y el silencio más hondo…;
la tormenta terrible es ligera entre sueños…
(“Dies Irae”)
Isabel Fresco tiene cierta retórica clásica en formas e imágenes, así como en el ritmo de sus poemas, impecablemente construidos. En sus dos poemarios aparecen frecuentemente referencias culturales que no funcionan como pretexto para hacer una decadentista “poesía de la cultura” – tan en boga en nuestro país desde los años 70 – sino como ejes temáticos a partir de los cuales se articula el poema. Así aparecen Penélope y Clitemnestra, Fernando Sor, Dowland, Mouton, laudistas de Toscana, la diosa Mnemosine, la Celestina – “la leal desdentada”, “esta puta perpleja” – instrumentos musicales antiguos…
Sin asomo de pedantería, la música se convierte en Lacrimae, no en un mero pretexto para justificar un concepto de arte ya prefijado, sino en una evocación, una forma artística que, como se plasma en toda la obra de Isabel, es la conexión necesaria entre el presente y el pasado.
Aborrezco el acto instintivo de la hembra ofendida
que antepone arteramente su dignidad vulnerada a la palabra verdadera,
y el gesto servil incluso en el amor,
y el as trucado que escondes en el pie para la última hora.
Sin embargo me he expuesto ante ti como vaso de fino cristal
que un soplo hace vibrar,
o el viejo Stradivarius que espera guardado la mano maestra,
así que ambos asistimos a una pobre partida.
No sé qué extraño pacto femenino y arcaico
me impide hablar con voz propia:
Todo lo que detesto como agua entre las manos se me escurre;
todos los movimientos confluyen hacia lo indeseado.
¡Qué vanidad la imagen personal forjada tan trabajosamente,
qué desperdicio ver de pronto hecha añicos la metáfora personal!
Pero cuando una tarde la perseguida contradicción se ofrece
oro y miseria por igual, ¿cómo acercarse?
¿Quién no ha sido tan leve como una mariposa
o tan indeseable como una culebra muerta?
(“Epístola en tres tiempos, 2″)
(Mª Soledad Sánchez Gómez. Presentación del poemario Coloquio de sirenas, previo a su publicación, que tuvo lugar en la librería CRISOL de Madrid en enero de 2004)
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“Para el expediente” (poema de Adrienne Rich)
Las nubes y las estrellas no libraron esta guerra
los arroyos no informaron a nadie
si las montañas arrojaron piedras de fuego al río
fue sin tomar partido
la gota de agua que se balanceaba levemente bajo la hoja
no tenía opinión política
y si aquí o allí una casa
se inundó de aguas residuales
o envenenó a los que allí vivían
con lentas humaredas, durante años
las casas no estuvieron en guerra
ni los edificios tapiados
quisieron negar cobijo
a las ancianas sin techo o a los niños vagabundos
no siguieron la política de hacerlos errar
o morir, no, las ciudades no fueron el problema
los puentes no eran partidistas
las autopistas ardieron, pero no con odio
Incluso los kilómetros de alambrada
tendida que oprimía los barracones temporales
diseñados para mantener a los indeseables
a distancia segura, fuera de la vista
incluso los tablones que tuvieron que absorber
año tras año, tantos sonidos humanos
tanta profundidad de vómito, lágrimas
sangre que calaba lentamente
no se ofrecieron a esto
Los árboles no se prestaron a que los cortaran en tablones
ni las espinas a desgarrar carne
Mira a tu alrededor
y pregunta de quién es la firma
impresa en las órdenes, trazada
en la esquina de los planos de construcción
Pregunta dónde estaban los analfabetos, las mujeres
barrigonas, los borrachos y los locos,
aquéllos a los que temes más que a nada: pregunta dónde estabas tú.
(Adrienne Rich, trad. Mª Soledad Sánchez Gómez)

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EL MELANCÓLICO DESAPEGO DE LA WEB 2.0
Hay algo conmovedor, terrible y desesperanzado en el tener y no tener de esta época actual de capitalismo de ficción, caracterizada por la obtención inmediata del plus-de-goce a través del fetichismo de la mercancía mientras paradójicamente rechazamos mucho de aquello que necesitamos e incluso en profundidad deseamos.
En este tiempo posmoderno en que una cibercultura intrusa en nuestra vida cotidiana nos da su apoyo hasta en lo más banal, existe sin duda la necesidad de establecer contacto y a la vez levantar una pared de cristal entre el otro y nosotros. Así, jugamos a tocarnos las manos pero sabemos siempre que una barrera transparente está ahí, inextinguible, produciendo un tacto frío, helador, entre esas manos y las nuestras, entre ese cuerpo y el nuestro. Y todo ello elegido voluntariamente dentro de esta condición posmoderna que habitamos que, como indica Zygmunt Bauman, se caracteriza por unos vínculos “líquidos” que se evaporan fácilmente. En ella las interacciones corporales son limitadas y predomina la interacción virtual a través de una “identidad digital” como la que nos ubica en la web 2.0 por medio de una pantalla. Así creamos una subjetividad que se forja a través de una conectividad incierta en la que no se asegura la presencia real de ese otro y en la que por un breve momento, que sabemos que no se sostendrá demasiado, dos soledades intentan superar la barrera de la indiferencia tras esa mampara de cristal, dando a leer un mensaje, inscrito en nuestra carne, que nunca es descifrado del todo. ¿Qué sucede entonces cuando los múltiples gadgets tecnológicos de este mundo virtual no nos distraen de nuestro deseo? Embriagados de vacío, deseamos desesperadamente el compromiso corporal y lo rehusamos porque nos aterra. ¿Qué huella deja en nosotros la vida cuando no la hacemos nuestra? ¿Es evitable este melancólico desapego?
————————————-
(Marisol Sánchez Gómez. Parte de la conferencia impartida en los cursos de verano de El Escorial de la Universidad Complutense de Madrid en julio de 2009, titulada “El cuerpo como enunciación política”, de próxima publicación en la editorial Fundamentos)

Texto recogido por Casilda García Archilla y la Sociedad de Diletantes, en HUMO, colección visual de doce piezas realizadas en técnica mixta.
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TERRORISMO EMOCIONAL: AMOR Y DEGRADACIÓN DEL OBJETO
Dice la psicoanalista Colette Soler que para algunos hombres la obsesión por una mujer se manifiesta con el mismo tipo de fobia que sentía el protagonista del famoso caso del “Hombre de las Ratas” por estos animales. Efectivamente, no hay en su comportamiento grandes diferencias: rechazo de la alimaña y, si se presta la ocasión, maltrato demoledor. “[...] El amor, y no hablamos de un sentimiento vago sino del amor verdadero, es un forcejeo, inesperado, sensible al reencuentro, a menudo en contradicción con las opciones del sujeto. Además, una mujer puede obsesionar de una manera devastadora. La expresión francesa dice: él la tiene metida en la piel. Hay que constatar que muy a menudo un hombre tiene una más bien en la cabeza y que no se la puede quitar de la mente. A veces, esto se acompaña de fobia: no puede acercarse a ella, incluso acercarse a todas menos a ella, sin evocar la fórmula todo menos esto, que Lacan aplica a la mujer de Sócrates.”
Y sigue Soler: “[...] dada la implicación de la castración en el amor, a partir de Freud, se comenta con toda razón esta escisión [...], la ambivalencia frente a la mujer amada [por parte de algunos hombres], esta mezcla de idealización, de agresividad malévola, de propensión a atormentar al objeto. En efecto, si amar es confesar su falta y proveer a la amada de lo que ella no tiene, entonces se concibe que el amor pueda provocar, especialmente en el hombre, algo así como una defensa, una suerte de protesta viril contra el amor [...] La degradación sirve ahí, puesto

Colette Soler
que degradar el objeto equivale a darle sentido a la castración. Ésta es una estrategia del sujeto macho para hacer oscilar – el término es de Lacan en Subversión del sujeto y dialéctica del deseo – la castración imaginaria, de un término de la pareja al otro.”
Así pues, desde esta óptica, mejor que sea ella la castrada, la que cargue con la falta que generan el amor y el deseo. Para ello, ese Otro que engendra deseo y por consiguiente falta (una falta que no se soporta), debe ser humillado y degradado a la categoría de objeto de goce, muerto, atiborrante y controlable, y, a ser posible, que el objeto sea consciente de este acto para que así todo cobre más sentido para el hombre: asegurarse de la propia omnipotencia huyendo de una idealización excesiva de esa mujer (idealización que con tanta frecuencia termina en un trato abyecto hacia ese Otro que se percibe paranoicamente como persecutorio). Sólo así, con esta pira funeraria – en la que se sacrifica todo, incluso lo que en profundidad da una estimulante alegría, incluso a uno mismo cuando uno se ama tan poco – se prima una supuesta serenidad que sólo es, en realidad, angustia y muerte.
Frente a esto, hay otra concepción del amor en la que, como dice Lacan, dos inconscientes se reconocen inmediatamente:
[...] si dos se besan
el mundo cambia, encarnan los deseos,
el pensamiento encarna, brotan las alas
en las espaldas del esclavo, el mundo
es real y tangible, el vino es vino,
el pan vuelve a saber, el agua es agua,
amar es combatir, es abrir puertas,
dejar de ser fantasma con un número
a perpetua cadena condenado
por un amo sin rostro;
el mundo cambia
si dos se miran y se reconocen,
amar es desnudarse de los nombres
(Octavio Paz, “Piedra de sol”)
Lo personal es siempre, absolutamente siempre, político.
Escrito en cuerpo, feminismo, lenguaje, psicoanálisis, silencio, vida | Etiquetas: "lo personal es político", amor, Colette Soler, Jacques Lacan, Octavio Paz, psicoanálisis
MUSE (Un concierto en mi inconsciente – Madrid, 28 de noviembre)
No one’s gonna take me alive
The time has come to make things right
You and I must fight for our rights
You and I must fight to survive
(MUSE: “Knights of Cydonia”)
—————————————
’cause I want it now
I want it now
give me your heart and your soul
and I’m breaking out
I’m breaking out
last chance to lose control
(MUSE: “Hysteria”)
La histeria según los chicos de Muse es musical, sofisticada, un pelín agresiva, y rodeada de buenísima música, a veces algo bronca. En otros términos (psicoanalíticos), la histeria estaba inicialmente constituida por un útero vagante e invasivo que buscaba acomodo en el cuerpo e infectaba la mente. En realidad está hecha de conversión o afecciones diversas en el cuerpo; deseo de encarnar el deseo del Otro de la demanda, o del Otro del saber, ofreciéndose para ello como objeto presto casi a ser devorado para convertirse así en su falo en una identificación fálica fantasmática; de olvido del deseo propio del que no se quiere saber nada, de boicoteo de ese deseo; de no hacerse cargo de una misma; de desear – de manera imposible y constante- un amo sobre el cual reinar.)
(Entrada dedicada a Juanpe)
Escrito en psicoanálisis, vida | Etiquetas: histeria, Knights of Cydonia, Muse
SUJETOS TRANSGÉNERO Y NUEVAS MASCULINIDADES
Sujetos transgénero:

Del LaGrace Volcano

Antony Hegarty
Inquietante foto de Antony Hegarty
Y una nueva masculinidad (la de Richard Hawley, que tras su aspecto bronco exhibe una también inquietante sensibilidad):
Escrito en cuerpo, lenguaje, vida | Etiquetas: Antony and the Johnsons, Del LaGrace Volcano, Richard Hawley
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